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jueves, 1 de julio de 2010

HOLOCAUSTO/ISRAEL



Tomado del blog de Txomin Goitibera

viernes, 4 de diciembre de 2009

Shlomo Sand: EL PUEBLO JUDÍO ES UNA INVENCIÓN

Diario PÚBLICO,Junio 2008
EUGENIO GARCÍA GASCÓN - Tel Aviv - 02/06/2008 18:43


Shlomo Sand, profesor de Historia de Europa en la Universidad de Tel Aviv, acaba de publicar "Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío", donde cuestiona algunos principios de la historia sionista oficial.

El libro se ha mantenido cuatro semanas en la lista de los más vendidos en Israel, algo que Sand no acaba de entender. A cambio ha tenido pagar el peaje de recibir anónimos donde se le amenaza e insulta, llamándole kelev natzi masria (perro nazi apestoso) y otras lindezas. Sin embargo, no parece muy preocupado. El libro contiene dos tesis que en el pasado tuvieron cierto predicamento, también entre historiadores sionistas, pero que hoy han sido archivadas: que los actuales judíos provienen de pueblos paganos que se convirtieron al judaísmo lejos de Palestina, y por lo tanto no descienden de los antiguos judíos, y que los palestinos árabes son los únicos descendientes de los antiguos judíos.

Decir que el pueblo judío es una invención del siglo XIX parece una provocación.

A finales del XVIII y principios del XIX surgió el nacionalismo, y en la segunda parte del XIX se cimentó la idea del nacionalismo judío. Los franceses sabían que su pueblo existía desde los galos, los alemanes sabían que su pueblo existía desde los teutones, y los judíos empezaron a pensar que eran un pueblo desde el segundo Templo.

Y en su opinión eso no es correcto.

Sostengo que eso es una "invención", de la misma manera que no creo que hubiera un pueblo francés hace 250 años. La mayoría que vivía en el reino francés no sabían que eran franceses, incluso no lo sabían en la primera mitad del siglo XIX.

Sin embargo, los judíos siempre han tenido una identidad.

No creo que haya habido un pueblo judío hasta recientemente. Incluso le diré que ni siquiera pienso que hoy haya un pueblo judío.

¿Por qué?

La Biblia no es un libro histórico, es un libro de teología. Fueron los protestantes, y luego los judíos, los que convirtieron la Biblia en un libro de historia.

¿El pueblo judío es una invención cristiana?

Así es. Pongamos por ejemplo el supuesto exilio judío. El exilio nunca existió. Cuando los romanos destruyeron el Templo en el año 70 de la era cristiana, no expulsaron a los judíos por la fuerza. Los romanos nunca exiliaron a pueblos, algo que sí hicieron los asirios y los babilonios con algunas elites.

¿Cuándo empezó entonces esa versión de la historia?

La historia sionista tomó un mito cristiano del mártir Justino, que fue el primero que dijo, en el siglo III, que Dios había castigado a los judíos con el exilio porque no aceptaron a Jesús. Esa es la primera vez que afirma que los judíos fueron deportados.

Entonces, no hubo deportación...

Es cierto que los romanos no permitieron a los judíos que vivieran en Jerusalén, pero los cristianos crearon la fantasía de que no se les permitió vivir en toda Judea. La raíz del mito del exilio judío es cristiana. Nunca hubo exilio. No hay ningún libro científico que lo diga. En los billetes de 50 shekels se dice que Tito deportó a los judíos, pero es un mito.

Esto va en contra de lo que se dice comúnmente.


Así es, aunque ahora hay historiadores que dicen "Bueno, no hubo exilio pero sí que hubo emigración". Lo cierto es que como los griegos y los fenicios, los judíos viajaron por el Mediterráneo...

¿Acaso no es cierto? En España ya había judíos en aquella época.

Antes de Jesucristo había en Palestina entre medio millón y un millón de judíos. La inmensa mayoría, un noventa por ciento, o quizás un noventa y cinco por ciento, eran campesinos. Los judíos no eran como los fenicios o los griegos, no viajaban tanto como ellos por el mar. La proporción de los que salieron es infinitamente muy pequeña.

¿Incluso después de la destrucción del Templo en el año 70?

Incluso entonces. Lo que ocurrió antes del 70, en el periodo que va de los Macabeos a Adriano, es que el judaísmo comenzó a dispersarse. Atención, el judaísmo fue el que se dispersó, no los judíos. Es cierto que salieron comerciantes y soldados que llevaron consigo la idea monoteísta, pero no fueron muchos. Los Macabeos conquistaron Edom y obligaron por la fuerza a sus habitantes a convertirse al judaísmo. Lo mismo ocurrió en Galilea. Desde el siglo II antes de Cristo hasta el siglo II después de Cristo, el judaísmo fue el primer monoteísmo proselitista.

¿Ocurrió lo mismo en la diáspora?

En el Mediterráneo, a finales del siglo I después de Cristo había cuatro millones de creyentes judíos. Es en ese periodo proselitista cuando el judaísmo se proyecta en el Mediterráneo.

¿Quiere decir que la mayoría de los judíos del Mediterráneo no venían de Palestina?

Efectivamente, la inmensa mayoría no venían de Palestina. Eran conversos. Desde la época de Adriano, en el siglo II, se experimentó una caída drástica del número de judíos porque muchos se convirtieron al cristianismo. De cuatro millones de creyentes judíos se bajó a un millón.

¿Se convirtieron al cristianismo?

Y lo que voy a decir ahora está relacionado con España. A principios del siglo IV se produce la victoria del cristianismo con Constantino y decrece el número de judíos. El judaísmo prevalece sobre todo en Palestina, en Babilonia y en el norte de África. En el norte de África, en el siglo VII, cuando llega el islam, quienes luchan contra el islam son los judíos. Hay una reina judía bereber, Dahia Kahina, que luchó contra los musulmanes. El historiador árabe Ibn Jaldun menciona que en la zona había tribus judías muy populosas. La reina Kahina murió luchando contra los musulmanes en 694. Tariq ibn Ziyad, el conquistador de España en 711, era bereber. Hay muchos testimonios cristianos antiguos que dicen que los conquistadores eran judíos y musulmanes. Muchos judíos se sumaron al ejército musulmán porque padecieron mucho durante los reinos visigodos.

¿Sólo entonces entran los judíos en España de forma masiva?

Me he preguntado a menudo por qué había tantos judíos en España y no en Francia o Italia, por qué había tantos judíos en el lugar geográficamente más alejado de Palestina. Es obvio que hubo algunos soldados y comerciantes que se convirtieron, como en Francia o Italia. Pero, ¿por qué de repente hay tantos judíos en España? Creo que la respuesta se ha de buscar en la conquista bereber de judíos y musulmanes. El conquistador Tariq ibn Ziyad pertenecía a la tribu Nafusa, la misma tribu de la reina Kahina. Si en 711 Tariq ocupó un puesto tan destacado, es muy posible que en 694 fuera un soldado en el ejército judío de Kahina. No puede ser de otra manera. Con gran seguridad Tariq era un judío que se convirtió al islam. Si se leen los testimonios antiguos, se ve que los cristianos acusan conjuntamente a los musulmanes y a los judíos de la conquista de España. Creo que es por eso por lo que el número de judíos en España es tan superior al número de judíos en Francia o Italia.

Entonces, ¿la mayoría de los judíos españoles provenían de los judíos bereberes conversos?

En efecto. Pondré otro ejemplo, el de los judíos de Yemen. También hubo un reino judío en Yemen durante 120 años, a finales del siglo V y principios del VI, una tribu que se había convertido al judaísmo.

Usted menciona también el reino de los jázaros, un pueblo originario de Asia central, que se convirtió al judaísmo.

Con los jázaros ocurre exactamente lo mismo: es el judaísmo, y no los judíos, el que se expande. La masa demográfica más numerosa es la de los jázaros. Es curioso que el sionismo reconoce la importancia de los jázaros hasta 1967, y después deja de ser una tesis legítima.

¿De los jázaros provienen los judíos ashkenazis de Europa?

Así es. Los mongoles expulsaron a los jázaros hacia Europa. No puede ser que los judíos de Polonia vengan de Alemania, porque en Alemania, en los siglos XII y XIII, apenas había unos cientos de judíos, y de ahí no se puede pasar de la noche a la mañana a tres millones de judíos en Polonia, es sencillamente imposible. Los judíos de Polonia, y de otros países de Europa oriental, sólo pueden venir de los jázaros. Todavía en 1961 hay un prestigioso historiador israelí que afirma que los jázaros son los antepasados de los judíos de Europa oriental. Entonces aún se aceptaba que no provenían de Alemania.

Su teoría es que la inmensa mayoría de los judíos de hoy no provienen de Palestina sino de otros pueblos que se convirtieron al judaísmo.

Así es. Pero hay otra cuestión importante: Si no hubo exilio en Palestina, si los romanos no expulsaron a los judíos, ¿qué les ocurrió a los judíos de Palestina? Hay muchos historiadores israelíes, incluidos Yitzhak ben Zvi, el segundo presidente de Israel, o David ben Gurion, que hasta 1929 afirman que los palestinos árabes son los verdaderos descendientes de los judíos. Esta tesis que sostuvieron los mayores sionistas se murió en 1929. Todavía en 1918 Ben Zvi y Ben Gurion escribieron juntos un libro donde se afirma que los palestinos son los auténticos descendientes de los judíos. Sin embargo, decir esto hoy es causa de escándalo.

El sionismo no lo acepta.

Es necesario comprender que hay dos versiones del nacionalismo, una del río Rin hacia Occidente y otra del Rin hacia Oriente. En todas partes se inicia el nacionalismo como un fenómeno racista etnocéntrico, pero en Occidente deriva hacia un movimiento político civil. En cambio, al Oriente del Rin prevalece su carácter etnocéntrico. En las dos partes hay racismo. En Francia, si tienes la nacionalidad francesa eres francés, gracias a los valores republicanos. Pero en Alemania, incluso aunque tengas la nacionalidad no eres necesariamente alemán. En Polonia, desde 1919, si no eres católico no eres polaco. El sionismo nació entre Alemania y Polonia y por eso recibió una forma medio alemana y medio polaca.

Pero un judío es el hijo de una madre judía.

Sí según la ley religiosa, pero para el sionismo el judaísmo es pueblo y nación. No se puede entrar pero tampoco se puede salir. Sólo se puede entrar si te conviertes religiosamente. El sionismo no era religioso pero utilizó la religión porque no disponía de otros instrumentos para delimitar el judaísmo. Mi tesis es que el sionismo asumió los componentes etno-religiosos de los polacos y etno-biológicos de los alemanes y creó una especie de nacionalismo cerrado, que no es político ni civil como fueron los nacionalismos occidentales.

¿Y cuál es su pronóstico de cara al futuro?

Al día de hoy el sionismo conserva su carácter etnoreligioso y creo que eso destruirá el Estado de Israel.

¿Por qué?

El Estado de Israel dice que es el Estado del pueblo judío y que es un Estado democrático y judío, y eso es un oxímoron, una contradicción. Un Estado democrático pertenece a todos sus ciudadanos. Una cuarta parte de los ciudadanos de Israel no son judíos, pero el Estado dice que pertenece sólo a los judíos. Hay leyes que dicen que el Estado es judío, y que el Estado no está abierto a los demás. El sionismo no reconoce a los "israelíes" no judíos y esto no puede continuar. Incluso si Israel sale de los territorios ocupados no habrá calma. Los árabes están viviendo en un Estado que dice que no es de ellos, en cuyo himno nacional se habla del "espíritu judío". ¿Cuánto tiempo puede durar esta situación?

domingo, 1 de febrero de 2009

GAZA: ¿REAL O POSTIZO?

TITULO :GAZA, REAL O POSTIZO
AUTOR: Ilan Pappé, historiador israelí, preside el Departamento de Historia en la Universidad de Exeter y es codirector del Centro de Estudios Etno-Políticos de Exeter. En 2007 publicó The Ethnic Cleansing of Palestine.
MEDIO: Periódico EL PAÍS, edición impresa.
FECHA: 1 de febrero de 2009

En 2004, el Ejército israelí empezó a construir la réplica de una ciudad árabe en el desierto del Neguev. Tiene el tamaño de una ciudad real, con calles (todas ellas con nombres), mezquitas, edificios públicos y coches. Esta ciudad fantasma, cuya construcción costó 45 millones de dólares, se convirtió en una supuesta Gaza durante el invierno de 2006 -después de que el enfrentamiento entre Hezbolá e Israel en el norte acabase en tablas- para que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) pudieran prepararse y ser capaces de "luchar mejor" contra Hamás en el sur.

Cuando el jefe del Estado Mayor israelí, Dan Halutz, visitó el lugar tras la guerra de Líbano, declaró a los periodistas que los soldados "estaban preparándose para la situación que se producirá en una zona tan densamente poblada como es la ciudad de Gaza". En el último conflicto, y una semana después de que comenzaran los bombardeos de la Franja de Gaza, Ehud Barak asistió a un ensayo de guerra terrestre. Equipos de televisiones extranjeras le filmaron mientras observaba a las tropas de infantería conquistar la falsa ciudad, irrumpir en las casas vacías y seguramente "matar a los terroristas" que se escondían en ellas.

"El problema es Gaza", dijo Levy Eshkol, entonces primer ministro de Israel, en junio de 1967. "Estuve allí en 1956 y vi las serpientes venenosas que andaban por la calle. Deberíamos trasladar a algunas a Sinaí y, con suerte, las demás emigrarán". Eshkol estaba hablando del destino de los territorios recién ocupados: su Gobierno quería la Franja de Gaza, pero no a sus habitantes.

Los israelíes suelen referirse a Gaza como Me'arat Nachashim, un nido de serpientes. Antes de la primera Intifada, cuando la Franja suministraba a Tel Aviv gente para fregar sus platos y barrer sus calles, los israelíes presentaban una imagen más humana de su población. Pero con la Intifada, después de una serie de incidentes en los que algunos empleados apuñalaron a sus jefes, terminó la "luna de miel". El fervor religioso al que se atribuyeron aquellos ataques aislados generó una ola de islamofobia que desembocó en el primer cierre de Gaza y la construcción de una verja eléctrica a su alrededor. Incluso después de los acuerdos de Oslo de 1993, Gaza permaneció aislada de Israel y sin ser nada más que una reserva de mano de obra barata. Durante los años noventa, la "paz" significó para Gaza su transformación gradual en un gueto.

En el año 2000, Doron Almog, entonces jefe del mando sur, empezó a vigilar las fronteras de Gaza: "Hemos levantado puntos de observación equipados con la última tecnología y

hemos dado permiso a nuestros soldados para disparar contra cualquiera que se acerque a menos de seis kilómetros de la verja", presumía, además de sugerir que se adoptara una política similar en Cisjordania. Sólo en los dos últimos años, los soldados israelíes han matado a disparos a un centenar de palestinos por el mero hecho de haberse acercado demasiado a la verja. Desde 2000 hasta que estalló la última guerra, las fuerzas israelíes habían matado en Gaza a 3.000 palestinos (incluidos 634 niños).

Entre 1967 y 2005, los colonos judíos de Gush Katif arrebataron a la población de Gaza sus tierras y su agua. El precio de la paz y la seguridad para los palestinos fue convertirse en prisioneros y dejarse colonizar. Sin embargo, desde 2000 los habitantes de Gaza han decidido ofrecer una resistencia cada vez más numerosa y enérgica. No una resistencia del tipo que Occidente suele ver con buenos ojos, sino una resistencia islámica y militar. Su seña de identidad era el uso de los primitivos cohetes Qassam que, al principio, lanzaban sobre todo contra los colonos de Katif. La presencia de los colonos hacía que al Ejército israelí le fuera difícil responder con la brutalidad que emplea contra objetivos puramente palestinos, de modo que los retiraron, no como parte de un proceso unilateral de paz, como dijeron muchos en su momento (hasta el punto de sugerir que se le concediera el Nobel de la Paz a Ariel Sharon), sino para facilitar cualquier acción militar posterior contra la Franja de Gaza y consolidar el control de Cisjordania.

Tras la retirada de Gaza, Hamás se hizo con el poder en esa zona, primero en unas elecciones democráticas y luego con un golpe preventivo organizado para evitar que Al Fatah, que contaba con el respaldo de Estados Unidos, tomara el control. Mientras tanto, los guardias fronterizos israelíes seguían matando al que se aproximaba demasiado, y se impuso el bloqueo económico de la Franja. Hamás respondió con el lanzamiento de misiles sobre Sderot, y eso dio a Israel un pretexto para utilizar su fuerza aérea, su artillería y sus patrulleras. Israel afirmó que disparaba contra "las áreas de lanzamiento de misiles", pero, en la práctica, eso significaba cualquier lugar de Gaza. Las víctimas fueron numerosas: sólo en los últimos días de 2007, murieron 300 personas, docenas de ellas niños.

Israel justifica su conducta en Gaza como parte de la lucha contra el terrorismo, pese a que ha violado todas las leyes internacionales de la guerra. Parece como si los palestinos no pudieran tener sitio en la Palestina histórica, salvo si están dispuestos a vivir sin los derechos humanos y civiles básicos. Pueden ser ciudadanos de segunda clase dentro del Estado de Israel o prisioneros de las cárceles gigantescas que constituyen Cisjordania y la Franja de Gaza. Si se resisten, lo más probable es que acaben o en una auténtica cárcel sin juicio previo, o muertos. Ése es el mensaje de Israel.

La resistencia en Palestina siempre ha partido de las ciudades y los pueblos; ¿de dónde, si no? Por eso, desde la revuelta árabe de 1936, las ciudades y los pueblos palestinos, reales o no, siempre han figurado como "bases enemigas" en los planes y las órdenes militares de Israel. Cualquier represalia y acción de castigo tiene forzosamente que golpear a los habitantes, entre los que puede haber un puñado de personas que sí participan en la resistencia activa contra Israel.

Haifa se consideró una base enemiga en 1948, igual que Yenín en 2002; ahora, se considera así a Beit Hanoun, Rafah y Gaza. Cuando uno tiene la potencia de fuego necesaria y ninguna inhibición moral que le impida matar a la población civil, el resultado es la situación que acabamos de presenciar en Gaza.

Pero los palestinos no sólo resultan deshumanizados en los argumentos militares. En la sociedad civil judía israelí se está produciendo un proceso similar que explica el enorme apoyo de la población a la matanza de Gaza. Los judíos israelíes -políticos, soldados y ciudadanos corrientes- han deshumanizado hasta tal punto a los palestinos que matarlos se convierte en un hecho natural, como lo fue expulsarlos en 1948 o hacerlos prisioneros en los Territorios Ocupados.

La reacción actual de Occidente indica que nuestros dirigentes políticos no ven la relación directa entre la deshumanización sionista de los palestinos y las salvajes políticas de Israel en Gaza. Existe el grave peligro de que, terminada la Operación Plomo Sólido, la propia Gaza se parezca a la ciudad fantasma del Neguev.

Este artículo se publicó por primera vez en The London Review of Books. www.lrb.co.uk
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.

domingo, 18 de enero de 2009

LOS NIÑOS MUERTOS

AUTOR: GUSTAVO MARTÍN GARZO
SECCIÓN:TRIBUNA
MEDIO: PERIÓDICO "EL PAÍS"
FECHA: 18/01/2009

LOS NIÑOS MUERTOS

No deberíamos olvidar nunca las imágenes de los niños palestinos heridos y muertos difundidas estos días por los medios de comunicación. Un padre mostraba el cuerpecito de su hijo como si fuera un cesto vacío; tres hermanos, tirados entre la ropa vieja, recordaban los corderos que se llevan las inundaciones; varios pequeños miraban en un hospital a los adultos como esos animales domésticos que no entienden al hombre. Son imágenes que nos acusan, pues somos responsables de ellas. Somos responsables por nuestra indiferencia, y por elegir en las urnas a gobiernos incapaces de reaccionar con dignidad ante horrores así.

Porque estos niños heridos y muertos recuerdan al rey Herodes y la matanza de los inocentes. No es una exageración. Los militares y políticos israelíes que han iniciado esta guerra no son mejores que el cruel rey que ordenó la muerte de los niños. Aún más, Herodes no rehuía la responsabilidad de sus actos. Es la diferencia entre los nuevos señores de la guerra y los villanos que poblaban nuestras fantasías infantiles.

Los antiguos villanos se sabían egoístas y malvados, lo que, paradójicamente, les volvía humanos; pero hoy día, ningún poderoso acepta actuar en nombre de sus propias pasiones. Los políticos de Israel se lamentan de que estén muriendo civiles en los bombardeos, pero son ellos los que lo ordenan. La culpa, nos dicen, es de Hamás y de los propios palestinos, que apoyan a grupos terroristas. Los niños mueren, pero nadie se hace responsable de ello, porque el mundo moderno ha apartado de sí la idea de la culpa, como responsabilidad personal.

Nuestros gobiernos lamentan, por ejemplo, los horrores de la guerra, pero a la vez venden las armas que se utilizan en los campos de minas en los países del Tercer Mundo, como denunció el fotógrafo Gervasio Sánchez en su valiente discurso en los Premios Ortega y Gasset. El mundo, la moral que hemos creado, absuelve a los poderosos de la responsabilidad y la culpa: les basta con alegar dudosas razones de Estado. Pero la muerte o la mutilación de un niño es uno de esos límites que no se pueden cruzar sin que todo lo que hemos construido, nuestro mundo y nuestros valores, se derrumbe como un castillo de naipes.

La razón de esta indiferencia es muy simple: no reaccionamos de la misma forma ante el sufrimiento de los otros como ante el propio. La convicción de que la víctima no es de los nuestros hace que el daño que se le pueda causar no sea visto igual que si fuera uno de nuestro grupo, raza o nación el afectado. Israel se comporta así con los palestinos. No se trata de una guerra de religiones, ni del enfrentamiento de culturas distintas (las culturas árabes, judías y cristianas tienen un tronco común), sino de un simple problema de racismo.

En el fondo, una parte importante del pueblo israelí no considera que los palestinos sean sus iguales. Sus gobiernos llevan años deshumanizándolos, y han hecho de Gaza un campo de concentración donde un millón y medio de seres humanos malviven como el ganado. Un sentimiento básico como la compasión desaparece cuando somos incapaces de ponernos en lugar del otro; por eso, los políticos israelíes pueden esgrimir fríamente la existencia de los atentados de Hamás para justificar sus crímenes. Pero Hamás es un grupo terrorista y no tiene sentido hacer responsable a la población civil de sus actos. Aún más,Hamás no existiría si los palestinos no vivieran humillados. Es una organización que instrumentaliza el sufrimiento de su pueblo, y que sin duda saldrá fortalecida de esta guerra. ¿Es tan torpe el Gobierno de Israel para no saber esto o es justo lo que busca para justificar en el futuro el uso arbitrario de la fuerza? Los palestinos de Gaza proceden de Israel, de donde fueron expulsados.

Israel y Egipto sellan sus fronteras impidiendo la libre circulación de los bienes y las personas. Los jóvenes no tienen futuro, viven en condiciones de extrema pobreza, y esta ausencia de perspectivas alimenta sus sentimientos de odio, pues la falta de libertad es más exasperante que la pobreza. En sus hospitales no hay medicinas, sus escuelas son pobres, no hay un Estado que les proteja. Debido a ello se vuelcan en grupos islamistas, que dan de comer a sus ancianos y enfermos, protegen a sus mujeres y llevan a la escuela a sus hijos.

Sorprende que algo así se mantenga desde hace años ante la indiferencia de todos. Refiriéndose a la situación de los palestinos en Gaza, un periodista escribió: "Aquí la vida y la muerte son lo mismo". Pero, paradójicamente, es el Gobierno de Israel el que se hace la víctima. Para ello apela al miedo, que deshumaniza al otro, pues nos hace verle como una amenaza. Los políticos y militares de Israel causan la muerte de centenares de personas, y dicen estar librando una lucha de supervivencia. Pero son ellos los que tienen el poder, el dinero, la fuerza, frente a los palestinos que no tienen nada. Piensan que haber sido los perseguidos en otro tiempo les da una autoridad moral infinita para hacer lo que quieran. Pero "ser una víctima, ha escrito Elisa Martín Ortega, no implica bondad ni rectitud. No es un valor, sino una condición, una desgracia". Los políticos de Israel hablan de terrorismo, pero qué decir de la guerra que ellos han iniciado, de los bombardeos de las escuelas y los mercados, de los niños que matan. ¿Cómo llamarán a eso?

Pero en Israel, esos niños no existen. Sus soldados no hacen daño a los enfermos, ni a las mujeres ni a los ancianos; sus bombas no destruyen las escuelas, los mercados o los hospitales. Hay un control absoluto de la información, y ni en la televisión ni en los periódicos se habla de lo que ocurre en Gaza de verdad. Aún más, ante cualquier crítica se invoca el antisemitismo como argumento defensivo principal, aunque sean sus gobernantes los que estén traicionando los principios de la delicada y honda cultura judía que dicen representar. Es una conducta que exaspera a los palestinos, a los que sólo queda la salida del fanatismo. El fanatismo se alimenta de la debilidad. El principio de que todo hombre debe reconocer al otro como un semejante, lejos de ser evidente, es una conquista de la voluntad. Que la inteligencia venga a socorrer al amor, escribió Antoine de Saint-Exupéry. Sólo los más fuertes, desde un punto de vista moral, son capaces de evitar responder con violencia a los violentos y de escuchar las palabras de la dulce y amigable razón.

Emmanuel Lévinas, en una de sus lecciones talmúdicas, habló de las ciudades refugio. Eran lugares en que podían cobijarse quienes habían matado a alguien sin quererlo. Su acción había sido involuntaria, por lo que no podían ser condenados, pero necesitaban protegerse de los amigos o familiares del muerto. Eso era una ciudad refugio, un lugar donde se recibía a los que, no siendo culpables, tampoco eran enteramente inocentes. Lévinas pensaba que Occidente podía verse como una de esas ciudades refugio. Puede que no seamos culpables de las cosas que ocurren a nuestro alrededor, pero tampoco somos inocentes de ellas. No deberíamos olvidar esto, a riesgo de caer en lo más terrible: la indiferencia ante el dolor de nuestros semejantes.