viernes, 18 de junio de 2010

LIBROS / MIGUEL ANXO MURADO




ESCRITO EN CAFETERÍAS / LIBROS / MIGUEL ANXO MURADO
LA VOZ DE GALICIA
Viernes 18 de junio de 2010


Hai pouco, estaba eu vendo unha exposición do pintor Barceló en Madrid. O amigo que me acompañaba fíxome notar que na maior parte dos cadros víanse libros. Pensouno un momento e enunciou unha teoría: «Isto é porque o libro está a piques de se converter nun anacronismo». E a partir de aí botoume a clásica homilía da morte do libro por causa de Internet e os libros electrónicos. Levaba un anaco de prédica cando fun eu quen lle chamou a atención sobre outra cousa: que iso mesmo se dicía dos cadros hai sesenta anos, e aí estabamos nós mirando para eles.

Lembrábame disto o outro día mentres escoitaba aos impulsores dunha plataforma que pretende vender libros electrónicos en España. Tamén eles falaban dun futuro sen libros de papel, pero de tanto falar do que vai pasar esquecíaselles observar un pouco o que está a pasar realmente. Os soportes de libros dixitais, que ían ser o agasallo estrela do pasado Nadal, están aborrecidos nos escaparates dos grandes almacéns, con cara de desempregados de longa duración.

Na Feira do Libro en Madrid e en Frankfurt, onde tamén se dicía que ían triunfar, non se lles viu o pelo, xa por terceiro ano consecutivo; e o xigante de Internet Amazon non para de perder cartos a esgalla co seu trebello de ler. Agora mesmo, os libros electrónicos non supoñen máis dun 3% do mercado do libro en Estados Unidos e menos do 2% en España. Por iso, o que nos dan normalmente son as porcentaxes de crecemento respecto ao ano anterior, que son altas xustamente porque se parte de moi abaixo. Conclusión: redóbrase a publicidade, cun resultado ambiguo: A xente cre o que lle din, mais non compra.

E os gurús da comunicación, que como todos os sacerdotes non soportan que a realidade desminta as súas profecías, din unha e outra vez que o que pasa é que a xente ten «resistencia ao cambio». Mais non explican por que non a teñen para os teléfonos móbiles ou os ordenadores. A idea máis simple, que as tecnoloxías teñen éxito cando a xente as encontra útiles e non só porque sexan novas, non se lles pasa pola cabeza.

Mesmo na presentación desta plataforma de libros dixitais podíase percibir, baixo os clixés, o derrotismo que empeza a estenderse. «Non esperamos que sexa rendible», dicía un, inxenuo. E mentres, os asistentes, cos móbiles apagados, tomaban notas con bolígrafos bic en cadernos de espiral e folios. Mentres chega o futuro, é o máis cómodo.

miércoles, 16 de junio de 2010

CUSTODIA COMPARTIDA / M SANAHUJA

Mujeres, trabajo y custodia compartida
MARÍA SANAHUJA
EL PAÍS 16/06/2010

Por qué se está cometiendo la penúltima gran estafa a las mujeres en su nombre? Si la mayoría convenimos que la primera condición para avanzar hacia la igualdad de derechos es la independencia económica; si la gran conquista en los últimos 30 años en España ha sido acceder masivamente a la formación, que nos tenían vedada, y al mercado de trabajo; si las mujeres hemos realizado una gran revolución silenciosa, como ha sido retrasar la maternidad en 10 años, y reducir drásticamente el número de hijos, como única posibilidad para ir ocupando espacios, por derecho propio, como ciudadanas de primera; si nos hemos ido alejando del modelo de la caverna, en que el reparto de funciones venía irremediablemente marcado por la dedicación de unos a la caza y la guerra, y otras a la reproducción, ¿por qué ese empeño en los últimos años en querer recluirnos nuevamente en el hogar, al cuidado en exclusiva de los hijos?, ¿por qué el feminismo mayoritario se muestra feroz con la custodia compartida de los hijos, si al tiempo asume que la única posibilidad de las mujeres, trabajadoras y madres, de tener espacios personales y profesionales es dejar de cargar en solitario con su cuidado y educación?


Es una estafa pedir en nombre del feminismo que solo las mujeres asuman el cuidado de los hijos
Somos una especie animal que, con los avances técnicos, ha podido modificar los roles que la naturaleza ha impuesto para la supervivencia y la reproducción, pues los riesgos de extinción nos vienen de otros peligros. Las encargadas en exclusiva de la reproducción, al tiempo que responsables de ancianos, enfermos y hombres, hemos ido adquiriendo otros roles y ocupando espacios de poder y decisión, al menos en los países mejor situados económicamente, pese a la brutal presión social y las tremendas discriminaciones. ¿Cómo vamos a permitir que tanto esfuerzo personal y colectivo se vea amenazado por corrientes de opinión que pretenden imponer nuevamente esta carga a las mujeres? ¿Cómo vamos a asumir en solitario la difícil y durísima tarea de cuidar de unos hijos en unas sociedades complejas que exigen unas generaciones con un elevado nivel de formación técnica y personal, al tiempo que trabajamos fuera?

Lo que proponen esos grupos de presión es apoderar a las mujeres practicando una inicial expoliación al padre de sus hijos, pues apropiándose de estos se consigue de inmediato todo el pack (hijos, vivienda, pensión). Pero ese es un regalo envenenado para nosotras por varias razones. Dedicarnos en solitario a la educación y cuidado de los hijos limita brutalmente nuestro desarrollo profesional, relegándonos a niveles que no exigen tanta dedicación, lo cual irremediablemente se traduce en salarios menores. Si ejercemos nuestra función como educadoras con responsabilidad corremos el riesgo de ser las únicas malvadas que imponen hábitos y obligaciones, y si lo hacemos de modo irresponsable nos encontramos en poco tiempo con unos hijos asilvestrados e intolerantes a la más mínima frustración, que no dudan en acudir a la violencia, física o psíquica si no ven colmados sus crecientes deseos. Cuando los pequeños monstruos se emancipan, el propietario de la mitad de la vivienda de la que fue expulsado no duda en reclamarla, ya que en muchas ocasiones se vio obligado a regresar a su hogar materno, y en ese momento, cuando las mujeres tienen edades que rondan los 60 años, con escasos ingresos, no pueden adquirir la mitad de la vivienda, con riesgo de ser expulsadas.

El final del expolio inicial puede ser el que las mujeres se queden sin nada: sin profesión, porque no nos hemos dedicado a ella; sin espacios personales, al no disponer de tiempo, fuente de desequilibrios y frustraciones; sin casa; y sin unos hijos que, además, pueden formular serios reproches culpabilizando a las madres del alejamiento paterno, lo cual es fuente de conflicto y sufrimiento, al haberse quedado huérfanos con padres vivos, con un duelo que no se acaba.

El modelo que se propone con la custodia compartida es que en aquellos supuestos, minoritarios pero crecientes, en los que el padre quiere participar en la corresponsabilidad tantas veces exigida a los hombres, no solo no deben ponerse obstáculos, sino que se debe favorecer. Eso es lo mejor para los hijos, pues tienen unos progenitores que, cada uno según su criterio, hacen carreras de relevo en su agotador cuidado, y son educados en la pluralidad y en el respeto a las diferentes maneras de leer el mundo, completadas sin duda con la escuela, los amigos, las familias amplias, con Internet y la televisión. La custodia compartida no libera al progenitor con más ingresos de hacerse cargo de la mayor parte de los gastos. Por el contrario, potencia la voluntad de contribuir más porque se mantiene el contacto y afecto con los hijos, y aleja la tentación de aparentar inexistentes insolvencias, en un país con un importante nivel de economía sumergida y ahora en crisis.

A los hijos no se les puede imponer un modelo monoparental que les perjudica, cuando tienen padre y madre que quieren y pueden responsabilizarse de ellos. Y es precisa una jurisdicción especializada en familia, tantas veces reclamada, que de un modo eficaz intervenga y haga difícil la utilización de los hijos como armas en unos conflictos de los que siempre deben ser alejados si queremos construir una sociedad en igualdad, paz y progreso.

María Sanahuja Buenaventura, magistrada de la Audiencia Provincial de Barcelona, es miembro de Jueces para la Democracia y de Otras Voces Feministas.

domingo, 13 de junio de 2010

Violencia y género: el dolor que nunca cesa

Violencia y género: el dolor que nunca cesa
José Luís Barreiro
La Voz de Galicia
Jueves 10 de junio de 2010


A Bibiana Aído no le queda más remedio que insistir en que tenemos la mejor ley integral contra la violencia machista, y que cualquier rectificación en el modelo sería una catástrofe. Pero los cuatro años transcurridos desde que la ley se aprobó se empeñan en decir lo contrario, y que, mientras las mujeres siguen muriendo con implacable cadencia, los efectos derivados de la tosquedad procesal con la que se trata la violencia doméstica obligan a cuestionarse hasta qué punto es sostenible y positivo el extremismo discriminatorio que rige en esta materia.

Contradecir el tópico discurso que sirve de ungüento para tan dolorosa quemadura sigue siendo imposible. Porque, al igual que en tantas otras cosas, se ha llegado a la conclusión de que discutir es justificar, que los argumentos contra ciertos dogmas son un incentivo para el maltratador, y que, frente a un tema de tanta envergadura, quiebra cualquier debate sobre las garantías judiciales y sobre las causas que originan el penoso estado de cosas en el que nos encontramos. Lo único que se admite es que la ley no es una panacea, y que a base de normas no se paran los asesinos. Pero no se reconoce que hace cuatro años se vendió la idea de un corte radical con una historia maldita que hoy representa una enorme frustración.

Las contundentes cifras de este año, que el doble crimen de Salt acaba de poner de actualidad, vienen a decir que el camino emprendido no es el correcto. Pero todo el sistema mediático que protege el pensamiento único ya empezó a funcionar para que nadie reconozca un error, para que todo el mundo pida paciencia, para que la culpa recaiga en la escasez de medios, y para que, no pudiendo medir el éxito en función de las muertes evitadas, se mida en relación con las denuncias presentadas, los destierros decretados y las pulseras implantadas.

La desviación que rige el modelo es que una sociedad justa e idílica, como la nuestra, está entreverada por cuatro malvados que disfrutan matando y suicidándose, y que por eso hay que plantear la cosa como una cacería de serpientes venenosas a las que hay que ganarle la maniobra -de forma civilizada- antes de que nos piquen. Pero yo creo que no es así, y que, al margen del cupo de locos y asesinos que nos toca por millón de habitantes, tenemos graves fallos estructurales y mal diagnosticados que alimentan esta ola de sangre que nos ahoga. La vigente ley, que no ha erradicado ninguna de las causas del problema, está agravando ciertos desajustes. Y, aunque lo que se tiene por correcto es decir que todo va de maravilla y por la senda prevista, las mujeres siguen muriendo como antes, en medio de un desorden moral y jurídico que nadie quiere analizar, ni reponer.

viernes, 11 de junio de 2010

RESPUESTA A HENRY.LEVY / GAZA

ELPAIS

RAQUEL MARTÍ (Directora ejecutiva del Comité Español de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA)) 11/06/2010

Escribo en respuesta al artículo de Bernard- Henri Lévy publicado en EL PAÍS el 8 de junio. UNRWA es una institución humanitaria y, por tanto, no se pronuncia sobre los detalles del ataque a la flotilla de ayuda a Gaza que se afirman en ese artículo. El Consejo de Seguridad de la ONU ha reclamado, sin embargo, una investigación inmediata, independiente y que cumpla la normativa internacional.


En cuanto a los aspectos humanitarios reseñados en el artículo, quisiera desmentir que el bloqueo impuesto por Israel sobre la franja de Gaza concierna únicamente a las armas, como sostiene Bernard- Henri Lévy. Por el contrario, el bloqueo se aplica a una amplia lista de suministros que incluye el material humanitario.

Con anterioridad al inicio del bloqueo (junio de 2007) la media semanal de camiones con mercancías que entraban en Gaza era de 2.807, mientras que en la actualidad se permite únicamente la entrada de una media semanal de 500. Además, Israel solo autoriza la entrada del 35% del combustible industrial requerido para el funcionamiento de la central eléctrica de Gaza, así como el 53% del gas necesario para cocinar. Por otro lado, solo se ha permitido introducir un volumen reducido de materiales de construcción a pesar de la masiva destrucción causada por el bombardeo israelí de hace ya más de un año. La prohibición de entrada de materiales de construcción afecta igualmente a las Naciones Unidas y a las infraestructuras que destina a la población refugiada de Palestina.

En la conferencia de Sharm el Sheij después de la Operación Plomo Fundido, la comunidad internacional comprometió 4.500 millones de dólares para reconstruir la franja. El bloqueo de Israel está impidiendo cumplir con la voluntad expresada por la comunidad internacional.

Como consecuencia del bloqueo y según las estadísticas de la ONU, más del 70% de la población padece inseguridad alimentaria, más del 40% está desempleada y el 80% depende de la ayuda internacional. Tres cuartas partes de los edificios destruidos durante la ofensiva israelí del año pasado continúan en ruinas debido a la prohibición de introducir materiales de construcción.

El bloqueo es ilegal y contraproducente y solo puede fortalecer el extremismo. Si el autor está tan preocupado por el destino de Israel, debería de abordar la cuestión de cómo sirve a los intereses de Israel tener a 1,5 millones de personas bloqueadas, privadas de libertad y frustradas a tan corta distancia.

HöRE, ISRAEL, Erich Fried

Höre, Israel

Cuando fuimos perseguidos
fui uno de vosotros,
¿cómo seguir siendo
cuando sois perseguidores?


Anhelo vuestro fue
ser como los pueblos
que os asesinaban.
¡Ya sois como ellos!


Habéis sobrevivido
a quienes os torturaban.
¿No pervive hoy
su tortura en vosotros?


Erich Fried - Poeta austriaco y judío, Premio Nacional Austriaco de Poesía y conocedor de la represión del nazismo: su padre fue asesinado por la Gestapo

libreXpresion.org

martes, 8 de junio de 2010

HELEN THOMAS: BOUTADE DE DESPEDIDA



Texto: EL PAÍS 8 junio 2010

La decana de los corresponsales de la Casa Blanca acaba de anunciar que se retira y no del modo que hubiera planeado. A los 89 años de edad, Helen Thomas ha sido víctima de sus propios y casi siempre mordaces comentarios y se ha visto forzada a abandonar el privilegiado sitio en la sala de prensa de la Casa Blanca que ha ocupado durante más de medio siglo.

Thomas, hasta hace pocas horas en nómina de Hearst Newspapers como columnista, hizo el pasado 27 de mayo unas declaraciones que le han reportado una dura crítica y su abandono del periodismo. Durante la celebración del Mes de la Herencia Judía, una página web llamada RabbiLIVE.com entrevistó brevemente a la periodista a la salida de una rueda de prensa en la Casa Blanca.

"¿Algún comentario sobre Israel?", preguntó el reportero. "Dígales que se larguen de Palestina", respondió la venerable Thomas. "¿Algún mejor comentario sobre Israel?", insistió el entrevistador. Thomas explicó entonces la tesis que mantenía su comentario: "Recuerde, esta gente [los palestinos] están siendo ocupados en su propia tierra. No es la tierra ni de los alemanes ni de los polacos".

Hasta aquí, las palabras de Thomas ya eran suficientemente incendiarias. Pero es que insistió cuando se le cuestionó sobre dónde deberían de ir entonces los judíos que están en Israel. "Que se vayan a su casa", lo que en opinión de la periodista es "Polonia, Alemania ... América u otro sitio".

Hija de inmigrantes libaneses, Helen Thomas cubrió la Casa Blanca durante más de 50 años para la agencia de prensa United Press International (UPI).

jueves, 3 de junio de 2010

SI YO FUERA FUMADOR / Vicente Molina Foix

EL PAÍS
Si yo fuera fumador
VICENTE MOLINA FOIX 03/06/2010

No he fumado ni un solo cigarrillo en mi vida, una vida pasada desde la infancia entre fumadores, algunos de ellos orgullosos de serlo, es decir, no pertenecientes a ese grupo mayoritario de quienes, al ofrecerte uno y rechazarlo tú diciendo que no fumas, te dicen en serio, con una leve sonrisa de añoranza: "Pues no sabes la suerte que tienes, chico". Como soy de naturaleza hedonista, para bien y para mal, siempre he pensado que el pobre soy yo por privarme, pues no me cabe duda de que el tabaquismo es el ismo más contundente, más comprensible y más democrático de la historia de las vanguardias del placer.


Contemplo estupefacto los torpes preparativos por parte del Gobierno de una nueva ley antitabaco
Como al que más, me molesta tener que tragarme a la fuerza el humo de los desconocidos en los lugares públicos, sobre todo si me lo echan en la cara, pero contemplo estupefacto los torpes preparativos de una nueva ley antitabaco que el Gobierno de Zapatero, con su conocida política general de declaraciones vibrantes y rectificaciones vergonzantes, vuelve a anunciar. Al igual que en otros asuntos donde confluyen la salud pública y el derecho privado, me parece indignante que al fumador, hoy por hoy todavía un sujeto que vive en la legalidad, se le degrade socialmente, se le aísle y se le confine, mientras se le intimida con cajetillas truculentas que recuerdan las estampitas de Pedro Botero rodeado de niños disolutos quemándose en el infierno con las que los curas y monjas querían infundirnos la aversión al pecado. Ya se saben los resultados de aquellas campañas de profilaxis moral: los pecados de la carne están que arden, cada día más, y la tendencia progresista universal es que cualquier acto placentero que se practique sin coacción ni abuso es aceptable -por atípico o extremo que resulte-, quedando la consideración de su posible daño individual al criterio de cada persona.

Ahora bien, creo que el fumador español ha caído en un vicio peor que el de encender compulsivamente sus cigarrillos y aspirar su humo. No ha entendido lo fácil que sería un pacto social entre él, directamente, y el no fumador, que hiciera innecesario, e incluso ridículo, el arbitrismo avasallador de la nueva ley preparada por la ministra Jiménez. Ese pacto tan sólo tendría que tomar en cuenta que una tendencia salutífera mundial -con la que se puede o no estar de acuerdo- ha puesto de relieve en los últimos años la evidente injusticia histórica de que el fumador, antes, pudiera fumar en todas partes a su antojo sin reparar en los que no lo hacían. El asumido respeto de unas mínimas normas de educación cortés, de atención al otro, de auto-control cívico, debería facultar a los fumadores a exigir una similar tolerancia con ellos.

Así que si yo fuera fumador, me levantaría en armas dialécticas contra una ley desproporcionada que pretende no la regulación de una molestia, sino la eliminación de un hábito, convirtiendo al que lo ha adquirido libremente en un paria de la sociedad.

Pero también, si yo fuera fumador, huiría como de la peste del romanticismo literario del hecho de fumar, que me parece superfluo y puede llegar a cursi. Igual de cursi que el de esos activistas de la igualdad sexual que para dorar la píldora de algo tan natural como la homosexualidad se sienten obligados a citar a las grandes autoridades que lo fueron: Sócrates, Safo, Miguel Ángel, Tchaikovski, Virginia Woolf. El sistema de prelaciones ha de ser irrelevante a la hora de exigir que a todo ser humano no forzado se le deje hacer aquello que desea: acostarse con la gente de su mismo sexo, beber hasta no decir basta (otro campo donde los aficionados a las listas de ilustres predecesores tienen el cielo abierto), practicar los juegos de azar y, por supuesto, fumar.

Si yo fuera fumador y viajero habría luchado (¿es hoy ya demasiado tarde, dada la inercia de los códigos de buenas prácticas?) por el mantenimiento en los medios de transporte que permiten una separación efectiva de espacios donde fumar. El tren. Es típico del bondadoso maximalismo de los dirigentes, no solo españoles, haber pasado radicalmente de un tiempo en que se fumaba en todas partes a no dejar que el viajero que hacomprado su billete al mismo precio no pueda echar ni un pitillo en ningún lugar de un largo convoy ferroviario que a veces hace trayectos largos.

Si yo fuera fumador, me rebelaría y trataría de boicotear los hoteles que prohíben ya prácticamente del todo fumar en cualquier habitación, por cara que esta sea. Me impresionó la anécdota, sucedida hace poco, de la visita de un reputado escritor español a París, donde su editorial francesa le hospedaba en un hotel de cinco estrellas al que acudió a verle una amiga común. Al preguntar ella por el huésped, el recepcionista, con un mohín desdeñoso, le indicó un número de habitación del último piso, para el que había que tomar un ascensor pequeño y de poca luz situado en un recodo del hall. Al llegar a lo alto, una especie de gallinero sin el alfombrado por el que es famoso el hotel, la amiga comprobó que el escritor ocupaba un habitáculo más bien lóbrego en el que la recibió, eso sí, cigarrillo en mano.

Si yo fuera, finalmente, fumador madrileño, habría sido más cuco, no dejándome engatusar por la demagogia barata de Esperanza Aguirre, que burló la anterior ley Salgado, dejando fumar de manera indiscriminada en la inmensa mayoría de los sitios de ocio de la comunidad que preside, sin que los fumadores, al menos los de izquierda, objetaran.

No está aún probado que el tabaco sea una religión, en cuyo caso sería la creencia más extendida del mundo. Escribo esto desde mi condición de ateo de todos los credos y de todas las nicotinas, incluso la más baja.

No me mueve a escribir la caridad, sino la razón. Libertad de ritos. De eso se habla ahora, también desde una conciencia avanzada, y es una libertad a considerar, por mucho que implique a menudo el convertirnos a los laicos en víctimas pasivas de sus emanaciones dogmáticas.

A los practicantes sobrenaturales se les permite, incluso en un Estado no-confesional, echar campanas al vuelo, llamar chillonamente a la oración, hacer procesiones o rogativas al santo (puro humo para quienes no creemos en milagros), mientras que todos los días, cuando bajo a comprar la prensa, veo junto al portal a un puñado de oficinistas de mi edificio practicando vergonzantemente, en mangas de camisa incluso si hace frío, el rito infame del cigarrillo de media mañana, que sabe a gloria, según parece.

No puedo impedir que me venga entonces a la cabeza la imagen de los primeros cristianos apiñados para rezar en las catacumbas. El daño del tabaco. Eso sí está probado, y ningún fumador lo ignora.

Dejémosle su libre albedrío, su derecho humano al placer peligroso, sólo atentos a que su ismo, su religión o su vicio no perjudiquen la salud terrenal de los que están a su alrededor, frase que veo impresa en la cajetilla de un amigo que acaba de encender su Fortuna en mi salón.

Vicente Molina Foix es escritor.