lunes, 30 de mayo de 2011

ARCADI ESPADA/ HACIENDO PUCHEROS


Querido J:
Como escribió con agudeza un corresponsal de mi blog, el discurso de la ministra Chacón ante los periodistas no parecía improvisado en un cuarto de hora: «Su Barroso (alusión al marido escritor de la ministra) le ha cambiado el quiero por el quería». Es probable.

En el discurso había, prosa del alba, las consabidas alusiones socialdemócratas y regeneracionistas. El paso del presente al pretérito no designaba solamente una circunstancia personal: la retórica utilizada sugería que ese nobilísimo programa iba a ser imposible con cualquier otro candidato. Y entre las alusiones había una muy particular dedicada a la regeneración de la política: «Quería encabezar un proyecto que recuperara la dignidad y el prestigio de la política». Sólo le salvó el pretérito imperfecto. Porque su intervención fue un ejemplo antológico de la vieja política, de los usos y costumbres que han convertido a los políticos en una casta. Fíjate bien, mi querido amigo.

La ministra empezó anunciando que desde que el presidente Zapatero anunció su decisión de no presentarse a las elecciones, «numerosos afiliados de toda España, de todos los rincones de España, me han animado a optar a esa candidatura para abrir una nueva etapa y un nuevo proyecto en el Partido Socialista».
Hasta ahora la abrumadora mayoría de los españoles no sabía nada de esta pasión desatada, aunque la ministra, después de explicar que aceptó estas peticiones, añadió que el silencio de sus propósitos sólo tuvo por objeto el respeto de las reglas pactadas por la propia dirección socialista. Pero, en cualquier caso, lo sustancial es esto: España desconocía que la ministra Chacón fuera a competir por la candidatura electoral del partido socialista. Lo desconocía hasta el mediodía del jueves cuando, repentinamente, la ministra decidió convocar a los periódicos para decirles que no iba a competir por la candidatura electoral del partido socialista. Es decir, la ministra convocó a los periodistas para darles una no-noticia. Aparentemente, claro está. Porque la noticia que quiso darles iba por debajo. Luego la veremos.

Lo que ahora me interesa es observar la justificación que dio la ministra de su raro proceder convocante. Está escrito y fue leído, con temblor: «En los últimos días hemos asistido a una escalada que pone en riesgo la unidad del Partido, la autoridad del Presidente del Gobierno y Secretario General, nuestra imagen colectiva como partido e, incluso, la estabilidad del Gobierno. Y, justamente, eso era lo único que podía hacerme reconsiderar una decisión que tenía bien tomada: que estuvieran en riesgo los intereses del Partido Socialista, nuestra imagen colectiva como proyecto, la autoridad del Presidente del Gobierno y Secretario General y, por supuesto, la estabilidad del Gobierno de nuestro país».

La relación entre la decisión de la ministra y esa «escalada» es muy confusa. Y ahí resplandece oscuramente la vieja política que la ministra quería presuntamente combatir. Para lo que vino al mundo y a las primarias. Su explicación, llena de sobreentendidos y alusiones opacas, sin nombres y apellidos y sin que pudieran advertirse las correlaciones, los responsables, los efectos y las causas de los hechos, era pura vieja política, aparatchik y gangosa. Pero hay algo más.

Aceptarás como yo, con ingenua voluntad interpretativa, que la ministra se retiraba de la competición por eso que podríamos llamar «patriotismo de partido». La ministra se presentó (¡desde los 16 años!) como una de esas personas, fidelísimas, irreprochables, que pone los intereses del colectivo por encima de los intereses personales. El tipo de jugador que tanto gusta a los entrenadores de fútbol y a los redactores jefes de los periódicos. Pan bendito, tierno y moldeable.
Sin embargo, la pregunta se desprende con una facilidad incluso insultante. ¿Cómo no calló, siendo tan patriota? La verdadera noticia que la ministra quiso dar el jueves a los periódicos es que el juego sucio había acabado con sus intenciones. Esa denuncia era perfecta en fondo y forma, porque había sido pronunciada según los parámetros infinitivos del juego sucio más convencional: insinuar sin afirmar, señalar sin acusar, preguntar sin responder. Observadas desde el patriotismo de partido, la autoridad, la unidad y la estabilidad del partido socialista están hoy más cuestionados que antes de su intervención. La ministra, según sus palabras, sus gestos, sus silencios y hasta sus pucheros, no había sido víctima de una derrota política, sino de una conspiración. Y lo peor: de una conspiración que la máxima autoridad habría sido incapaz de cortar por lo sano. Cualquier patriota de partido comprende lo útil que es siempre para el partido el no hacer públicas este tipo de afirmaciones.

A costa, pues, de la estabilidad socialista y a costa también de la regeneración de la política, la ministra organizó una suerte de presentación, de powerpoint estrictamente personal, para informar a todos los ciudadanos que el PSOE es un cuerpo tumefacto y que ella estará dispuesta así que se advierta el primer brote verde. Tomando posiciones para una lejana primavera. Sin embargo algo falló, y con estrépito. Fue la propia ministra. Desde el punto de vista de la exhibición del liderazgo no creo que haya demasiados ejemplos comparables. Nerviosa, vacilante, al borde del sollozo, parecía a punto de decirles a los ciudadanos, snif, es que no me dejan jugar con ellos, mamá. La puerilidad de la vida pública española supera la ya anonadante puerilidad contemporánea. También es cierto que el liderazgo soft, jugolándico del presidente Zapatero ha sido dos veces aclamado por la sociedad española. Incluso es cierto que la semana que viene cumplo 54 años y quizá sea ésta una especial mala edad para contemplar el mundo: frecuentemente la rabia viene a sustituir la fuerza que declina. Pero descontado todo ello sigue viva la impresión dominante. La ministra Chacón pidió la palabra para proponer su liderazgo futuro y para herir, aunque fuera tangencialmente, a su competidor Rubalcaba, con el que tantos malos sentimientos le unen. El resultado fue durísimo y perverso: después de la aparición de la niña de Felipe, la arruinada España socialista empezó a suspirar por un hombre.
Sigue con salud

miércoles, 13 de abril de 2011

miércoles, 16 de marzo de 2011

ARCADI ESPADA / MACHO 5D // marzo 12, 2011 El Mundo


Querido J:

Esta semana hemos celebrado, y yo el primero, el Día de la Mujer. Todos los periódicos traían el aire un poco patético del “Diario Femenino” de Sebastián Auger, aquel mánager que vivió y murió demasiado solo. Un poco por la celebración y un mucho por el interés y el trabajo del lector Mendiguchia, que puso en mi buzón los materiales, voy a escribirte sobre los hombres y sus enfermedades. El soporte vital es un comité creado por el presidente Obama para el estudio del macho (White House Council on Boys to Men) que dirige Warren Farrell. Yo no tenía hasta ahora la menor noticia de este Farrell, cuya fama de investigador masculinista es notoria. Sus estudios parecen sólidos, aunque tocados por un irritante espiritualismo. En cualquier caso, los datos que maneja ese comité valen por cualquiera de esas mamarrachadas poéticas que desde nuestro Ferreri y su “Ciao Mascio” afloran cíclicamente. Voy a resumírtelos.

Hay cinco áreas de la vida social donde el varón está en riesgo. La primera es la educación. Ya es casi un lugar común que las calificaciones académicas de los muchachos han ido descendiendo de modo paulatino. Que los varones puntúan por debajo de las muchachas en motivación, capacidad de concentración y en lectura y escritura. Pero es que los datos americanos de la enseñanza superior son contundentes: los varones licenciados han pasado del 61 al 39 por ciento. Entre negros y latinos la brecha de sexos es aún superior. Y toma nota especial de este dato: el negro que abandona sus estudios tiene un 60 por ciento de posibilidades de acabar en la cárcel.

Vamos ahora a lo que el comité llama la salud emocional. Entre los 20 y los 24 años la tasa de suicidios es cinco veces superior a la femenina. Y no hablemos de lo que pasa al otro extremo de la edad. La tasa de suicidios masculinos supera a la de las mujeres en un 1.300 por cien. El poder masculino es incontestable en las 5 D: depresión, drinking, drogas, desobediencia y delincuencia.

En Estados Unidos uno de cada tres niños vive en hogares donde el padre está ausente. Los excesos son devastadores y, al parecer, mucho más letales sobre varones que sobre mujeres. La ausencia del padre se vincula con fuerza estadística a la incorporación de los jóvenes varones al crimen. Para paliar la situación, los investigadores creen esencial que el hombre se implique mucho más en los procesos de divorcio, que con mucha frecuencia suponen para los hijos la pérdida del progenitor masculino. Esta ausencia del padre no se compensa tampoco en la escuela, debido al predominio de las maestras. De ahí que se insista en la necesidad de ampliar el número de enseñantes masculinos.

Las mujeres viven más que los hombres por causas probablemente biológicas. Pero respecto a las diferencias en la esperanza de vida hay también razones culturales. En 1920 la brecha entre uno y otro sexo era de un año. Hoy es de cinco. Y entre las 10 causas más comunes de muerte, los hombres mueren antes que las mujeres en 9.

El trabajo es la última área examinada: uno de cada cinco hombres en edades comprendidas entre los 25 y 54 años no trabaja. La mitad de los afroamericanos entre los 20 y los 24 años están en paro. Los sectores donde parece arraigar el futuro crecimiento laboral (salud, educación) están siendo ocupados por mujeres y los que ocupaban a los muchachos con escasa formación (agricultura, industria y construcción) han entrado en declive. En estos datos hay que incrustar una estadística casi pavorosa: el 92 por ciento de las muertes en accidente laboral son masculinas. La estadística permite aproximarse a una de las tesis fuertes de Farrell. Y es que las diferencias salariales entre hombres y mujeres no siempre son injustificadas. Los hombres suelen desempeñar los trabajos más duros, peligrosos e incómodos.

De las conclusiones del informe te invito a leer este párrafo sobre lo que significa ser hombre: “En el pasado educamos a nuestros hijos en la convicción de que serían “verdaderos hombres” si lo que hacían favorecía a nuestra sociedad, desde arriesgar la vida en las guerras a realizar grandes construcciones como el ferrocarril. Les llamábamos héroes por poner sus vidas a disposición de la sociedad, pero este enaltecimiento resultó pernicioso para nuestros hijos. El hombre se convirtió en el género desechable”.

Sí, el “verdadero hombre” construyó el ferrocarril. Y exterminó a los sioux. Es tan verdad que arriesgó su vida en guerras por la libertad como que construyó las alambradas de Auschwitz. Los verdaderos hombres, como las “verdaderas naciones” dan para mucho. Lo que es, sin embargo, un escándalo es que haya lugares donde las “políticas de igualdad” ignoren datos tan irrevocables como los que te he transcrito. En América el comité por los hombres se ha creado después de uno similar dedicado a las mujeres. Hay una voluntad explícita, por lo tanto, de desarrollar políticas de igualdad veraces y de reconocer que hay enfermedades sociales que afectan de modo diferente a los dos sexos. No será necesario que me extienda respecto a la situación española, donde la política de igualdad dirigida por el presidente Zapatero no sólo ignora a los hombres, sino que los agrede, incluso por ley.

Hasta aquí la política. Nada razonable puede oponerse a la actividad del comité Warren y los limpios propósitos de la administración Obama.

Sin embargo sabes que te escribo siempre en confianza. Y no sería honrado decirte cuánto me incomodan estos derroteros. Tengo poco que oponer a la posibilidad de que el varón haya sido un accidente evolutivo y que su tiempo esté pasando. No es descartable que las mujeres ofrezcan una mejor adaptación al medio (¡siempre nos quedará el orgullo viril de que “adaptadas” no quiere decir “mejores”!) y que en estrictos términos darwinistas de ellas vaya a ser el futuro. Puede que la Humanidad bisexuada pertenezca a la infancia del cosmos y suponga, llegados a nuestro tiempo, un inaceptable derroche evolutivo. Por otro lado, cuando una especie es ya capaz de crear vida en un laboratorio, o al menos es capaz de alterar decisivamente sus patrones, es lícito plantearse si la evolución no habrá terminado. Sea por la razón que sea el acabamiento del varón no es algo que me inquiete especialmente. Por decirlo rápido: me provoca la misma descriptible inquietud que la desaparición de una lengua. Por el contrario lo que sería francamente desmoralizador es ver a mi sexo mendigando políticas de discriminación positiva y otros enchufes cualquiera a la corriente. Creo que no podría soportar esas noticias en el periódico. Mucho más con la falta de expectativas que se me abrirían tras declararme apátrida de mi sexo. ¿”Qué ser?, dijo Lenin.

El problema que tengo con el hombre de Farrell es su hombría.

Sigue con salud


A

jueves, 3 de marzo de 2011

ILAN PAPPÉ/ Israel: idéntica cartografía, geografía variable

EL PAÍS
03/03/2011
TRIBUNA: ILAN PAPPÉ

Israel: idéntica cartografía, geografía variable





Israel cree que el triunfo de las revoluciones de Túnez y de Egipto le supone una muy mala cosa. Que la televisión muestre a ciudadanos árabes educados y no islamistas,que en perfecto inglés exponen sus articuladas opiniones sobre la democracia sin recurrir a la retórica antioccidental, no puede serle, desde luego, sino una muy mala cosa. Y si además los ejércitos de esos dos países se abstienen de matar a tiros a los manifestantes, entonces... bueno, entonces la cosa se pone todavía peor, porque hace que su política de ocupación de Cisjordania y Gaza, además del apartheid ejercido sobre las poblaciones de esos territorios, se parezca demasiado a las políticas de los dictadores árabes.

En su primer, y hasta ahora único, mensaje sensato enviado por Netanyahu a sus ministros, les rogaba no comentar en público los acontecimientos que estan teniendo lugar en Egipto. Oyéndole se diría que, por un instante, Israel hubiera decidido cambiar su papel de vecino ocupante por el de simple visitante. Parece ser que hasta Netanyahu se sintió abochornado por los comentarios de Aviv Kochavi, general en jefe del Servicio de Inteligencia Militar. Y es que, hace apenas dos semanas, este dijo, nada menos que en la Kneset, que el régimen de Mubarak seguía siendo tan sólido y tan resistente como lo había sido siempre.

Pero Netanyahu tampoco pudo mantener la boca cerrada y, cuando la abrió, los demás le imitaron. Sus comentarios fueron de tal calibre que, a su lado, los redactores y presentadores de Fox News casi recuerdan a los pacifistas y hippies de los años sesenta.

El mensaje de Israel es muy simple: la revolución de Egipto -que es la que le pilla más cerca- es una revolución de tipo iraní promovida por Al Yazira y consentida estúpidamente por Barack Obama, que cada día se parece más a Jimmy Carter.

Encabezando la difusión de este "inteligente" análisis figuran los antiguos embajadores israelíes en Egipto, frustrados por haber tenido que pasar todo el tiempo de su mandato sin hacer prácticamente nada, encerrados en un apartamento cairota sin muchos lujos. Ahora, sin embargo, han entrado en erupción con la fuerza de un Etna imparable: "Lo que está sucediendo en Egipto es algo malo, pero que muy malo para todos los judíos", afirmaba Zvi Mazael en el Canal Uno de la televisión israelí el pasado 28 de enero.

En Israel, si alguien dice "malo para los judíos" los demás entienden enseguida que es malo para los israelíes y también, puesto que es malo para Israel, es malo para todos los judíos del mundo (y esto en contra de todas las evidencias en sentido contrario desde que se fundó el Estado de Israel).

Lo cierto es que lo verdaderamente malo para Israel son las comparaciones, porque, independientemente de cómo vaya a terminar todo esto, los acontecimientos actuales en el mundo árabe dejan al descubierto, como nunca antes, todas sus mentiras y falsas pretensiones.

Egipto ha estado viviendo una Intifada pacífica en la que laúnica violencia existente ha procedido de los más leales a Mubarak. Hasta ahora, el Ejército no ha disparado allí un tiro, pero, en cambio, el ministro del Interior, en los primeros siete días de protestas, se empleó a fondo para aplastar las manifestaciones, por lo que fue expulsado del Gobierno y será, con toda seguridad, llevado ante los tribunales.

Hoy sabemos que era solo una táctica destinada a ganar tiempo para que los manifestantes se fueran a casa. Pero es que algo así nunca ha sucedido en Israel, un país donde todos los generales que en su día ordenaron disparar contra los palestinos, o a los judíos contrarios a la ocupación, son los mismos que compiten ahora por el puesto de general en jefe. Uno de ellos, Fair Naveh, ordenó en 2008 acabar con cualquier palestino sospechoso, incluso en el caso de que no se resistiera al arresto. Ese hombre nunca irá a la cárcel, pero Anat Kamm, la joven periodista que descubrió estas órdenes, se enfrenta ahora a una condena de nueve años por pasárselas a Haaretz, que las hizo públicas. Resumiendo: ningún militar o político israelí pasará un solo día en la cárcel por haber ordenado a las tropas que disparen sobre manifestantes desarmados, civiles inocentes, mujeres, hombres y niños. Pero, claro, la luz que emanan los acontecimientos de Túnez o Egipto es tan fuerte que alcanza a iluminar perfectamente los más oscuros rincones de la "única democracia" de Oriente Próximo.

Así que, por supuesto, los árabes democráticos y no violentos (sean o no religiosos) no pueden ser sino algo "malo" para Israel. Aunque quizá este tipo de árabes ha estado ahí todo el rato y no solo en Egipto sino también en Palestina. En ese sentido, la insistencia de los especialistas israelíes en que el tratado de paz con Egipto está en peligro es solo una maniobra de distracción. Lo único que está en riesgo ahora es la pretensión de Israel de ser un islote occidental estable y civilizado, rodeado por un mar de fanáticos islamistas. Lo verdaderamente "malo" para Israel es que la cartografía siga siendo la misma, pero la geografía cambie, que siga siendo un islote, un islote de bárbaros y fanáticos rodeado por un mar de nuevos Estados igualitarios y democráticos.

Hace mucho tiempo que la imagen de Israel como Estado democrático se ha borrado de las mentes de una gran parte de la sociedad democrática occidental ¿Qué repercusiones podría tener este hecho en las especiales relaciones que mantiene con Estados Unidos? El tiempo lo dirá.

De momento las voces nacidas en la plaza Tahrir advierten que las falsas mitologías de la "única democracia de Oriente Medio", núcleo duro del fundamentalismo cristiano (mucho más siniestro y corrupto que el de los Hermanos Musulmanes), de la altamente rentable industria armamentística, del neo-conservadurismo y de las brutales maniobras de los lobbies, no podrán garantizar por siempre las relaciones especiales entre Israel y Estados Unidos. Incluso manteniéndose por algún tiempo, es probable que la ayuda del amigo americano no sea suficiente para mantener un Estado judío étnicamente racista en un mundo árabe en plena transformación.

Y, sí, después de todo, puede que a medio plazo estas buenas noticias no lo sean tanto para los judíos de Israel. Estar rodeados por gentes que dan la bienvenida a la libertad, la justicia social y espiritual, cuyos barcos surcarán las aguas, unas veces del mar en calma, otras de mar gruesa, de la tradición y la modernidad, el capitalismo agresivo y la supervivencia cotidiana, no será fácil.

Ahora, sin embargo, hay una mayor esperanza de que cambios parecidos puedan darse en Palestina. Y ello con el fin de que el siglo -ahora ya más de un siglo- de sionismo termine de una vez y se logre la reconciliación entre los palestinos víctimas de políticas criminales y la comunidad judía.

Una reconciliación que ha de ser justa -o no será-, construida sobre la base de su derecho al retorno, así como de los derechos humanos, sociales y políticos -hasta ahora negados-, por los que también el pueblo de Egipto ha luchado valientemente durante las semanas de enero en que el mundo concentró su mirada en la plaza de Tahrir.

Ilan Pappé es profesor de Historia y Director del Centro Europeo de Estudios sobre Palestina de la Universidad de Exeter. Out of Frame: The Struggle for Academic Freedom in Israel (Pluto Press 2010) es su último libro. Traducción de Pilar Salamanca.

martes, 22 de febrero de 2011

TRANSICIÓN O REPÚBLICA. ANTONIO GARCÍA TREVIJANO

LA OPINIÓN DA CORUÑA
Antonio García-Trevijano Ricardo Grobas
22/02/11
CONTRAPORTADA

Tuvo un papel político central en las postrimerías del franquismo pero hoy se siente en el más absoluto ostracismo. Antonio García-Trevijano (Granada, 1927) fue el artífice de la Junta Democrática en 1974 pero no se plegó después al pactismo de la transición. Hoy presentará en A Coruña el libro ´Teoría pura de la república´ (El buey mudo), la última secuela de la "república constitucional" que pregona

ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA –¿Cómo sería España ahora si hubiera triunfado la ruptura democrática que usted defendía?
–Sin duda, sería una república constitucional ¿Porqué se hizo la transición? Para evitar que se produjera la ruptura del franquismo.
–¿Sería la panacea?
–Solucionaría todos los problemas políticos, incluso la crisis económica. Volver a la II República no resolvería nada, pero sí la ruptura de este régimen partitocrático de corrupción. Si se instaurase la república constitucional, en 24 horas se ahorraría más del 10% del PIB: se habría resuelto el problema de la crisis financiera y del déficit presupuestario de España.
–¿Qué gastos se suprimirían?
–De un plumazo, las subvenciones a los partidos, sindicatos, ONG, a la cultura, a las diputaciones... Se suprimirían las pensiones de los presidentes y ministros, ¿por qué han de cobrar toda la vida? Es una monstruosidad moral.
–¿Cómo se tendrían que financiar partidos y sindicatos? ¿o no tendría que haber partidos?
–¡Qué locura insinúa, por Dios! Yo soy defensor de los partidos políticos, como lo demostré con la fundación de la Junta Democrática, que unió a los partidos contra el franquismo, pero una cosa son los partidos que pertenecen a la sociedad civil y otra los que pertenecen al Estado. Los partidos y los sindicatos deben estar financiados exclusivamente por sus militantes. ¿Cómo voy a estar en contra de los partidos si he sido su primer defensor cuando nadie los defendía? Está hablando con una persona coherente desde hace 60 años.
–¿Diría neofranquismo?
–Es una oligarquía neofranquista absoluta, no hay libertad política. La libertad es colectiva o no hay libertad, ¿cómo van a tener los partidos privilegios? Todo lo que se hizo en España es horroroso, falso y de catetos.
–¿Y en los otros países?
–Salvo Suiza, tampoco son democráticos porque no tienen separación de poderes. Por lo menos, los sistemas de Francia y Gran Bretaña son representativos, pero Montesquieu es un desconocido: la Revolución Francesa prefirió a Rousseau, un utópico, defensor de la igualdad a costa de la libertad.
–Naturalmente, usted no vota.
–¿Cómo voy a votar? No he votado nunca. No sólo no voto sino que en todas las elecciones pido la abstención, la única forma inteligente contra este sistema.
–¿Es antisistema?
–No, no soy antisistema; aquí no hay un sistema político, es un puro régimen de poder. Soy antirégimen, soy un radical revolucionario que quiere acabar con esta Monarquía y poner en su lugar una república constitucional.
–Sin embargo, usted ha prestado algún servicio a la Corona.
–Jamás. Fui amigo del conde de Barcelona [don Juan de Borbón], como republicano, y llegamos al acuerdo de que si él triunfara en un golpe de Estado contra Franco, convocaría un referéndum para que los españoles eligieran entre monarquía y república. Siempre fui fiel a la república y claro que ayudé al conde de Barcelona. Como fui amigo del Príncipe [don Juan Carlos] cuando era cadete en [la escuela militar de] Zaragoza, pero eso no supone nada políticamente.
–¿Volvió a ver al Rey?
–La última vez fue en el Club 31: estaba con Sofía, su mujer, la que es reina, y con el marqués de Mondéjar. Me llevó allí, engañado, el periodista de ABC Salvador López de la Torres a los pocos días de que Franco lo designase sucesor de la Corona. Al llegar allí, Salvador me indicó que mirara a mi derecha, que me estaban saludando. Yo no los saludé pero, al salir, él [el Rey] se dirigió a mi y me dijo ´Tono, ¿no quieres saludarme?´ En voz alta para que todos lo oyeran, le dije: ´Al amigo, siempre; al sucesor, jamás´.
–¿Ahí acabó su relación?
–Cuando fui encarcelado por Fraga, me mandó un mensaje de pesar diciéndome que no podía hacer nada. Le respondí lo que le había dicho en Zaragoza veinte años antes cuando salíamos en coche con las chicas a divertirnos los fines de semana.
–¿Tan amigos eran?
–Yo tenía un coche de carreras, era casi verano, llevaba un sombrero de paja y él se acercó a mi. Me preguntó si era mexicano y corredor de coches, le dije que sí y a partir de ahí venía todos los fines de semana conmigo a divertirse. Y cuando, de vacaciones en Estoril, presumió ante su padre del amigo tan extraordinario que tenía, un mexicano con mucho dinero y un Pegaso gris, su padre le dijo: ´panoli, te están engañando, ese es Trevijano´.
–¡Anda!
–Y, cuando volvió de vacaciones a Zaragoza, quiso comer conmigo con una impaciencia enorme: ´Ya que sé quién eres, me ha dicho mi padre que eres quien mejor conoce la política española: ¿voy a ser rey?´. ´Desde luego´, le respondí. ´¿Y qué tendría que hacer?´. ´Lo primero, meterme a mi en la cárcel, porque si no me metes seré yo quien te meta a ti´, le dije. Esa es la realidad de España que no conoce nadie, ¿pero no ve usted que yo estoy apartado de todos los medios de comunicación porque les da pavor que diga la verdad?
–¿Es un proscrito?
–Estoy en el ostracismo total.
–Ausente de la política y de la universidad.
–Pues claro. Si yo tuviera presencia en la televisión, ni un catedrático podría enseñar Derecho político como se enseña.
–¿De ahí aquellas campañas para desacreditarlo?
–Es evidente, la campaña de Guinea...
–¿Se forró en Guinea?
–Ni una peseta, no hice un solo negocio en Guinea en mi vida.
–¿Le costó dinero?
–Me costó dinero la independencia [de Guinea] porque yo pagué facturas del grupo independiente, que no subvencionaba Carrero Blanco ni Castiella. Finalmente, el Gobierno impuso la Constitución para la independencia que había hecho Herrero de Miñón y rechazó la que yo asesoré
–En su despacho de la Castellana se firmó la Platajunta.
–Sí, y por eso fui a la cárcel cuatro meses, mientras que al granuja de Javier Solana y a Raúl Morodo los soltaron inmediatamente.
–Prometía una carrera política rutilante.
–Yo era el jefe de toda la oposición y triunfé porque logré reunir a todos los partidos sin excepción, y otros habían fracasado con el pacto de Munich.
–Se debió gastar una fortuna.
–No sólo en Guinea; en París financié una sede muy digna, y costosa, de la Junta Democrática; alquilé un avión para llevar, entre otros, a Tierno Galván, a Estrasburgo, para presentar allí a la Junta Democrática. Tierno tenía miedo y no quería ir, ni viajar en vuelo regular, así que tuve que fletar un avión y me hizo firmar que si le quitaban el pasaporte yo le pagaría 300.000 pesetas al mes. Ese era Tierno, esa era la oposición que pactó con el franquismo: no tenían moralidad.
–¿De dónde sacaba el dinero?
–De mi despacho de abogados de Madrid. No había heredado nada pero no me dolía gastarme todo lo que ganaba en la libertad.
–Un despacho muy boyante.
–Además de notario, era muy competente y llevaba grandes pleitos en el extranjero. Tuve clientes muy importantes y gané mucho.
–¿De izquierda o de derecha?
–Esa pregunta no tiene sentido ante un revolucionario. Todo en España es de ultraderecha. Hay izquierda social, pero no política.
–¿Hay monarquía para rato?
–Es muy débil pero a los pueblos les cuesta mucho despertarse de sus ilusiones. El pueblo español cree que democracia y corrupción son lo mismo y no lucha. Corrupción intelectual, que es la peor.

martes, 7 de diciembre de 2010

XOSE LUIS BARREIRO / Cuando las moscas se matan a cañonazos


La voz de Galicia
a torre vixía : Cuando las moscas se matan a cañonazos 
Lunes 06 de diciembre de 2010

No hay motivo alguno para alegrarse de que un Gobierno que no es capaz de suspender de empleo y sueldo al trabajador que no cumple, ni de retirar del ejercicio de la profesión al médico que da bajas fraudulentas, ni de sancionar el falso estrés laboral que surge en puentes y fechas señaladas, tenga arrestos, en cambio, para militarizar al trabajador, obligarlo a sentarse en su puesto por tiempos y a la voz de «¡ar!», y amenazar sus discrepancias o desobediencias con hasta doce años de prisión.

Que se haya reabierto el espacio aéreo de España es una buena noticia. Pero que esa normalización se haya logrado mediante el «estado de alarma» y la militarización de personal civil es, además de un rotundo fracaso de gestión que afecta a varios Gobiernos, un durísimo alegato contra la cultura sindical y laboral que hemos establecido en España, de la que hacen uso frecuente muchos colectivos y sindicatos. Los aviones están volando, es verdad. Pero lo están haciendo a costa de una sobreactuación gubernamental que no le sienta nada bien ni a la democracia ni a la Constitución que, 32 años después, aún permite matar moscas a cañonazos.

El colapso aéreo del pasado viernes es el resultado de una sucesión de gestores que resolvió doce años de conflicto a base de ceder a todas las reivindicaciones, de pagar por la paz laboral todo lo que pidieron, de tolerar todos los fraudes sindicales que instrumentaron estas negociaciones, y de permitir que los controladores se hiciesen dueños del cuerpo de funcionarios al que pertenecen, hasta llegar a una situación en la que al Gobierno le es más difícil despedir a un controlador que encerrarlo en la cárcel. Y esto es, en términos democráticos y laborales, una animalada.

Lo que da mala imagen no es que los controladores bloqueen un día el cielo de España. Lo que resulta insoportable, y sube la prima de riesgo, es que este bloqueo lo hagan los funcionarios del Estado mejor pagados; que lo hagan alegando enfermedades no certificadas; que lo hagan asesorados por sindicatos de chiste y cobrando las horas de conspiración contra el Estado; y que lo hagan sin que nadie se atreva a despedirlos, ni a a modificar las plantillas y la forma de acceso a la profesión, ni a laboralizarlos.

Lo curioso es que muchos ciudadanos que quedaron atrapados en los aeropuertos aún están dispuestos a salir a la calle para que no se aborde una reforma laboral seria y efectiva. Y por eso hay que decir muy fuerte que, aunque el problema aeroportuario está provisionalmente superado, no es ninguna buena noticia que el Estado no tenga más instrumentos para gestionar a un controlador que la pistola de un militar, el exceso de un fiscal, y la cárcel. ¡Siempre la cárcel!