LA OPINIÓN DA CORUÑA
Antonio García-Trevijano Ricardo Grobas
22/02/11
CONTRAPORTADA
Tuvo un papel político central en las postrimerías del franquismo pero hoy se siente en el más absoluto ostracismo. Antonio García-Trevijano (Granada, 1927) fue el artífice de la Junta Democrática en 1974 pero no se plegó después al pactismo de la transición. Hoy presentará en A Coruña el libro ´Teoría pura de la república´ (El buey mudo), la última secuela de la "república constitucional" que pregona
ISABEL BUGALLAL | A CORUÑA –¿Cómo sería España ahora si hubiera triunfado la ruptura democrática que usted defendía?
–Sin duda, sería una república constitucional ¿Porqué se hizo la transición? Para evitar que se produjera la ruptura del franquismo.
–¿Sería la panacea?
–Solucionaría todos los problemas políticos, incluso la crisis económica. Volver a la II República no resolvería nada, pero sí la ruptura de este régimen partitocrático de corrupción. Si se instaurase la república constitucional, en 24 horas se ahorraría más del 10% del PIB: se habría resuelto el problema de la crisis financiera y del déficit presupuestario de España.
–¿Qué gastos se suprimirían?
–De un plumazo, las subvenciones a los partidos, sindicatos, ONG, a la cultura, a las diputaciones... Se suprimirían las pensiones de los presidentes y ministros, ¿por qué han de cobrar toda la vida? Es una monstruosidad moral.
–¿Cómo se tendrían que financiar partidos y sindicatos? ¿o no tendría que haber partidos?
–¡Qué locura insinúa, por Dios! Yo soy defensor de los partidos políticos, como lo demostré con la fundación de la Junta Democrática, que unió a los partidos contra el franquismo, pero una cosa son los partidos que pertenecen a la sociedad civil y otra los que pertenecen al Estado. Los partidos y los sindicatos deben estar financiados exclusivamente por sus militantes. ¿Cómo voy a estar en contra de los partidos si he sido su primer defensor cuando nadie los defendía? Está hablando con una persona coherente desde hace 60 años.
–¿Diría neofranquismo?
–Es una oligarquía neofranquista absoluta, no hay libertad política. La libertad es colectiva o no hay libertad, ¿cómo van a tener los partidos privilegios? Todo lo que se hizo en España es horroroso, falso y de catetos.
–¿Y en los otros países?
–Salvo Suiza, tampoco son democráticos porque no tienen separación de poderes. Por lo menos, los sistemas de Francia y Gran Bretaña son representativos, pero Montesquieu es un desconocido: la Revolución Francesa prefirió a Rousseau, un utópico, defensor de la igualdad a costa de la libertad.
–Naturalmente, usted no vota.
–¿Cómo voy a votar? No he votado nunca. No sólo no voto sino que en todas las elecciones pido la abstención, la única forma inteligente contra este sistema.
–¿Es antisistema?
–No, no soy antisistema; aquí no hay un sistema político, es un puro régimen de poder. Soy antirégimen, soy un radical revolucionario que quiere acabar con esta Monarquía y poner en su lugar una república constitucional.
–Sin embargo, usted ha prestado algún servicio a la Corona.
–Jamás. Fui amigo del conde de Barcelona [don Juan de Borbón], como republicano, y llegamos al acuerdo de que si él triunfara en un golpe de Estado contra Franco, convocaría un referéndum para que los españoles eligieran entre monarquía y república. Siempre fui fiel a la república y claro que ayudé al conde de Barcelona. Como fui amigo del Príncipe [don Juan Carlos] cuando era cadete en [la escuela militar de] Zaragoza, pero eso no supone nada políticamente.
–¿Volvió a ver al Rey?
–La última vez fue en el Club 31: estaba con Sofía, su mujer, la que es reina, y con el marqués de Mondéjar. Me llevó allí, engañado, el periodista de ABC Salvador López de la Torres a los pocos días de que Franco lo designase sucesor de la Corona. Al llegar allí, Salvador me indicó que mirara a mi derecha, que me estaban saludando. Yo no los saludé pero, al salir, él [el Rey] se dirigió a mi y me dijo ´Tono, ¿no quieres saludarme?´ En voz alta para que todos lo oyeran, le dije: ´Al amigo, siempre; al sucesor, jamás´.
–¿Ahí acabó su relación?
–Cuando fui encarcelado por Fraga, me mandó un mensaje de pesar diciéndome que no podía hacer nada. Le respondí lo que le había dicho en Zaragoza veinte años antes cuando salíamos en coche con las chicas a divertirnos los fines de semana.
–¿Tan amigos eran?
–Yo tenía un coche de carreras, era casi verano, llevaba un sombrero de paja y él se acercó a mi. Me preguntó si era mexicano y corredor de coches, le dije que sí y a partir de ahí venía todos los fines de semana conmigo a divertirse. Y cuando, de vacaciones en Estoril, presumió ante su padre del amigo tan extraordinario que tenía, un mexicano con mucho dinero y un Pegaso gris, su padre le dijo: ´panoli, te están engañando, ese es Trevijano´.
–¡Anda!
–Y, cuando volvió de vacaciones a Zaragoza, quiso comer conmigo con una impaciencia enorme: ´Ya que sé quién eres, me ha dicho mi padre que eres quien mejor conoce la política española: ¿voy a ser rey?´. ´Desde luego´, le respondí. ´¿Y qué tendría que hacer?´. ´Lo primero, meterme a mi en la cárcel, porque si no me metes seré yo quien te meta a ti´, le dije. Esa es la realidad de España que no conoce nadie, ¿pero no ve usted que yo estoy apartado de todos los medios de comunicación porque les da pavor que diga la verdad?
–¿Es un proscrito?
–Estoy en el ostracismo total.
–Ausente de la política y de la universidad.
–Pues claro. Si yo tuviera presencia en la televisión, ni un catedrático podría enseñar Derecho político como se enseña.
–¿De ahí aquellas campañas para desacreditarlo?
–Es evidente, la campaña de Guinea...
–¿Se forró en Guinea?
–Ni una peseta, no hice un solo negocio en Guinea en mi vida.
–¿Le costó dinero?
–Me costó dinero la independencia [de Guinea] porque yo pagué facturas del grupo independiente, que no subvencionaba Carrero Blanco ni Castiella. Finalmente, el Gobierno impuso la Constitución para la independencia que había hecho Herrero de Miñón y rechazó la que yo asesoré
–En su despacho de la Castellana se firmó la Platajunta.
–Sí, y por eso fui a la cárcel cuatro meses, mientras que al granuja de Javier Solana y a Raúl Morodo los soltaron inmediatamente.
–Prometía una carrera política rutilante.
–Yo era el jefe de toda la oposición y triunfé porque logré reunir a todos los partidos sin excepción, y otros habían fracasado con el pacto de Munich.
–Se debió gastar una fortuna.
–No sólo en Guinea; en París financié una sede muy digna, y costosa, de la Junta Democrática; alquilé un avión para llevar, entre otros, a Tierno Galván, a Estrasburgo, para presentar allí a la Junta Democrática. Tierno tenía miedo y no quería ir, ni viajar en vuelo regular, así que tuve que fletar un avión y me hizo firmar que si le quitaban el pasaporte yo le pagaría 300.000 pesetas al mes. Ese era Tierno, esa era la oposición que pactó con el franquismo: no tenían moralidad.
–¿De dónde sacaba el dinero?
–De mi despacho de abogados de Madrid. No había heredado nada pero no me dolía gastarme todo lo que ganaba en la libertad.
–Un despacho muy boyante.
–Además de notario, era muy competente y llevaba grandes pleitos en el extranjero. Tuve clientes muy importantes y gané mucho.
–¿De izquierda o de derecha?
–Esa pregunta no tiene sentido ante un revolucionario. Todo en España es de ultraderecha. Hay izquierda social, pero no política.
–¿Hay monarquía para rato?
–Es muy débil pero a los pueblos les cuesta mucho despertarse de sus ilusiones. El pueblo español cree que democracia y corrupción son lo mismo y no lucha. Corrupción intelectual, que es la peor.
martes, 22 de febrero de 2011
martes, 7 de diciembre de 2010
XOSE LUIS BARREIRO / Cuando las moscas se matan a cañonazos
La voz de Galicia
a torre vixía : Cuando las moscas se matan a cañonazos
Lunes 06 de diciembre de 2010
No hay motivo alguno para alegrarse de que un Gobierno que no es capaz de suspender de empleo y sueldo al trabajador que no cumple, ni de retirar del ejercicio de la profesión al médico que da bajas fraudulentas, ni de sancionar el falso estrés laboral que surge en puentes y fechas señaladas, tenga arrestos, en cambio, para militarizar al trabajador, obligarlo a sentarse en su puesto por tiempos y a la voz de «¡ar!», y amenazar sus discrepancias o desobediencias con hasta doce años de prisión.
Que se haya reabierto el espacio aéreo de España es una buena noticia. Pero que esa normalización se haya logrado mediante el «estado de alarma» y la militarización de personal civil es, además de un rotundo fracaso de gestión que afecta a varios Gobiernos, un durísimo alegato contra la cultura sindical y laboral que hemos establecido en España, de la que hacen uso frecuente muchos colectivos y sindicatos. Los aviones están volando, es verdad. Pero lo están haciendo a costa de una sobreactuación gubernamental que no le sienta nada bien ni a la democracia ni a la Constitución que, 32 años después, aún permite matar moscas a cañonazos.
El colapso aéreo del pasado viernes es el resultado de una sucesión de gestores que resolvió doce años de conflicto a base de ceder a todas las reivindicaciones, de pagar por la paz laboral todo lo que pidieron, de tolerar todos los fraudes sindicales que instrumentaron estas negociaciones, y de permitir que los controladores se hiciesen dueños del cuerpo de funcionarios al que pertenecen, hasta llegar a una situación en la que al Gobierno le es más difícil despedir a un controlador que encerrarlo en la cárcel. Y esto es, en términos democráticos y laborales, una animalada.
Lo que da mala imagen no es que los controladores bloqueen un día el cielo de España. Lo que resulta insoportable, y sube la prima de riesgo, es que este bloqueo lo hagan los funcionarios del Estado mejor pagados; que lo hagan alegando enfermedades no certificadas; que lo hagan asesorados por sindicatos de chiste y cobrando las horas de conspiración contra el Estado; y que lo hagan sin que nadie se atreva a despedirlos, ni a a modificar las plantillas y la forma de acceso a la profesión, ni a laboralizarlos.
Lo curioso es que muchos ciudadanos que quedaron atrapados en los aeropuertos aún están dispuestos a salir a la calle para que no se aborde una reforma laboral seria y efectiva. Y por eso hay que decir muy fuerte que, aunque el problema aeroportuario está provisionalmente superado, no es ninguna buena noticia que el Estado no tenga más instrumentos para gestionar a un controlador que la pistola de un militar, el exceso de un fiscal, y la cárcel. ¡Siempre la cárcel!
martes, 9 de noviembre de 2010
NUCLEAR
Correspondencias /Daniel Gómez Cañete (en Diarios de Arcadi Espada)
Otra de esas afirmaciones repetida incesantemente hasta que se vuelve tan común que nadie se molesta en comprobarlo: “en España hay una moratoria nuclear que prohibe la construcción de nuevas centrales”.
El último en caer en la trampa, tú:
“Desde la moratoria nuclear decidida por Felipe González (que ha cambiado ahora, radicalmente, su punto de vista y se muestra favorable a la energía nuclear) las opciones energéticas españolas no están claras y el abastecimiento de agua requiere un plan (por ahora, inexistente) de centrales nucleares o térmicas.”
En realidad la moratoria afectó a cinco centrales, que se quedaron a medio construir, y aparte de su paralización, su único efecto vigente es que aún estamos pagando las compensaciones a las eléctricas por ese parón nuclear. Lo que poca gente sabe es que de no haber paralizado su construcción, muy posiblemente las eléctricas hubiesen quebrado. Hagamos memoria (en mi caso, más bien hemeroteca…). Corrían mediados de los 80, las previsiones del crecimiento del consumo eléctrico se habían desplomado por la crisis económica, y los tipos de interés y las finanzas nucleares iban a quebrar a las eléctricas, ver declaraciones de Carlos Solchaga a El Siglo del 25/9/2005:
““El 6 de Mayo de 1983, el gobierno del PSOE firmó el Protocolo de Acuerdo de las Empresas Eléctricas … se introdujo y se valoró todo el sistema de bonificaciones … y se decidió que el 50% del aumento en las tarifas se habría de dedicar al saneamiento financiero del sector que, sencillamente, estaba quebrado.”
Para evitarte la lectura de un par de leyes españolas sobre energía (especialmente la Ley Piqué del 97 que recoge en su preámbulo que el estado no se reserva ningún derecho en la instalación de potencia eléctrica y que el mercado está liberalizado), te recomiendo la lectura de la sección “Moratoria nuclear” (pag 181) del “Manual de tecnología nuclear para periodistas”
(http://www.foronuclear.org/pdf/manual_tecnologia_periodistas.pdf), editado por el Foro Nuclear, que representa al lobby nuclear español. Pero ayer mismo la presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear lo confirmó en un chat con los lectores de El Mundo:
“5. ¿No cree que España debe levantar la moratoria y construir más centrales nucleares? Es un poco hipocrita no construirlas pero si comprarsela a los franceses. ¿Es viable mejorar la seguridad en las plantas actuales, y en las de futura construccion para evitar incidentes como el de la planta de Ascó?
En España no tenemos moratoria nuclear y se podrían construir nuevas centrales. Para que esto se lleve a cabo es necesario que haya un pacto social y esté de acuerdo el Gobierno, la sociedad y las empresas implicadas. Actualmente, las condiciones energéticas de España en términos de crecimiento, dependencia de suministro y costes de la energía están aconsejando que se aborde lo antes posible la construcción de nuevas centrales. Estoy de acuerdo contigo que comprar energía a Francia de origen nuclear y no construir centrales en España no es coherente. Las centrales están sometidas a una mejora contínua, sobre todo derivada de la experiencia operativa. El suceso de Ascó ayudará a ello.”
Es realmente curioso: el mito de la moratoria nuclear es utilizado como cortina de humo tanto por pronucleares como por antinucleares. A los primeros les sirve para no tener que dar explicaciones por el hecho de no querer presentar proyectos de nuevas centrales, a los segundos les sirve para tranquilizar a su electorado.
Aquí he escrito un artículo sobre más mitos nucleares:
Hay muchos más mitos, como el de la dependencia española de la energía nuclear francesa, en realidad le compramos un 2% de nuestro consumo, pero como vendemos electricidad a Marruecos y Portugal, el saldo final del intercambio eléctrico internacional es positivo para España desde hace al menos un lustro. En realidad, le hacemos un favor a Francia comprando su energía nuclear nocturna, con tantas centrales, difíciles de parar o modular su potencia, por las noches le sobra potencia que tienen que vender a alguien, y además muy barata…
Pero el verdadero problema de las nucleares es financiero: ningún banco quiere financiarlas, ninguna eléctrica quiere construirlas sino es con ayudas estatales y todo tipo de garantías. Es decir, en cuestiones nucleares, lo del mercado libre y la competencia no vale. Después de 50 años de actividad, una industria que no ha conseguido ser rentable por sí sola no me merece ningún tipo de confianza, y eso sin contar la falta de transparencia. La comparación es un poco forzada, pues no se puede comparar la gravedad de los incidentes, pero lo que une a Chernobil y a Ascó es el oscurantismo…
Saludos cordiales
Daniel Gómez
Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos
Otra de esas afirmaciones repetida incesantemente hasta que se vuelve tan común que nadie se molesta en comprobarlo: “en España hay una moratoria nuclear que prohibe la construcción de nuevas centrales”.
El último en caer en la trampa, tú:
“Desde la moratoria nuclear decidida por Felipe González (que ha cambiado ahora, radicalmente, su punto de vista y se muestra favorable a la energía nuclear) las opciones energéticas españolas no están claras y el abastecimiento de agua requiere un plan (por ahora, inexistente) de centrales nucleares o térmicas.”
En realidad la moratoria afectó a cinco centrales, que se quedaron a medio construir, y aparte de su paralización, su único efecto vigente es que aún estamos pagando las compensaciones a las eléctricas por ese parón nuclear. Lo que poca gente sabe es que de no haber paralizado su construcción, muy posiblemente las eléctricas hubiesen quebrado. Hagamos memoria (en mi caso, más bien hemeroteca…). Corrían mediados de los 80, las previsiones del crecimiento del consumo eléctrico se habían desplomado por la crisis económica, y los tipos de interés y las finanzas nucleares iban a quebrar a las eléctricas, ver declaraciones de Carlos Solchaga a El Siglo del 25/9/2005:
““El 6 de Mayo de 1983, el gobierno del PSOE firmó el Protocolo de Acuerdo de las Empresas Eléctricas … se introdujo y se valoró todo el sistema de bonificaciones … y se decidió que el 50% del aumento en las tarifas se habría de dedicar al saneamiento financiero del sector que, sencillamente, estaba quebrado.”
Para evitarte la lectura de un par de leyes españolas sobre energía (especialmente la Ley Piqué del 97 que recoge en su preámbulo que el estado no se reserva ningún derecho en la instalación de potencia eléctrica y que el mercado está liberalizado), te recomiendo la lectura de la sección “Moratoria nuclear” (pag 181) del “Manual de tecnología nuclear para periodistas”
(http://www.foronuclear.org/pdf/manual_tecnologia_periodistas.pdf), editado por el Foro Nuclear, que representa al lobby nuclear español. Pero ayer mismo la presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear lo confirmó en un chat con los lectores de El Mundo:
“5. ¿No cree que España debe levantar la moratoria y construir más centrales nucleares? Es un poco hipocrita no construirlas pero si comprarsela a los franceses. ¿Es viable mejorar la seguridad en las plantas actuales, y en las de futura construccion para evitar incidentes como el de la planta de Ascó?
En España no tenemos moratoria nuclear y se podrían construir nuevas centrales. Para que esto se lleve a cabo es necesario que haya un pacto social y esté de acuerdo el Gobierno, la sociedad y las empresas implicadas. Actualmente, las condiciones energéticas de España en términos de crecimiento, dependencia de suministro y costes de la energía están aconsejando que se aborde lo antes posible la construcción de nuevas centrales. Estoy de acuerdo contigo que comprar energía a Francia de origen nuclear y no construir centrales en España no es coherente. Las centrales están sometidas a una mejora contínua, sobre todo derivada de la experiencia operativa. El suceso de Ascó ayudará a ello.”
Es realmente curioso: el mito de la moratoria nuclear es utilizado como cortina de humo tanto por pronucleares como por antinucleares. A los primeros les sirve para no tener que dar explicaciones por el hecho de no querer presentar proyectos de nuevas centrales, a los segundos les sirve para tranquilizar a su electorado.
Aquí he escrito un artículo sobre más mitos nucleares:
Hay muchos más mitos, como el de la dependencia española de la energía nuclear francesa, en realidad le compramos un 2% de nuestro consumo, pero como vendemos electricidad a Marruecos y Portugal, el saldo final del intercambio eléctrico internacional es positivo para España desde hace al menos un lustro. En realidad, le hacemos un favor a Francia comprando su energía nuclear nocturna, con tantas centrales, difíciles de parar o modular su potencia, por las noches le sobra potencia que tienen que vender a alguien, y además muy barata…
Pero el verdadero problema de las nucleares es financiero: ningún banco quiere financiarlas, ninguna eléctrica quiere construirlas sino es con ayudas estatales y todo tipo de garantías. Es decir, en cuestiones nucleares, lo del mercado libre y la competencia no vale. Después de 50 años de actividad, una industria que no ha conseguido ser rentable por sí sola no me merece ningún tipo de confianza, y eso sin contar la falta de transparencia. La comparación es un poco forzada, pues no se puede comparar la gravedad de los incidentes, pero lo que une a Chernobil y a Ascó es el oscurantismo…
Saludos cordiales
Daniel Gómez
Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos
mayo 1, 2008 | Filed Under Solito en la vida
sábado, 23 de octubre de 2010
G MARTÍN GARZO: EL SILENCIO DE LOS ANIMALES / EL PAIS 23 DE OCTUBRE
En una escena de Mi tío, la película de Jacques Tati, monsieur Hulot tropieza con un ladrillo al atravesar un solar olvidado. Le vemos detenerse, tomar el ladrillo y volver a colocarlo en su sitio, antes de alejarse. En las últimas páginas de El cuento de nunca acabar, Carmen Martín Gaite nos cuenta una tarde de paseo con su hija, que es aún una niña. Pasean cerca del agua y la niña ve un sapo sobre una piedra. Y se queda inusualmente silenciosa. Ya en casa, y cuando ambas están acostadas, la niña despierta a la madre para decirle: "Qué raro lo del sapito, ¿verdad? ¡Cómo nos miraba!"
Un ladrillo y un sapo, ¿qué tienen que ver con nosotros, los hombres? Hemos construido sobre el mundo natural un mundo de representaciones que nos permite intercambiar deseos, promesas y proyectos con los demás. Así define Savater la ética: "El reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone". Sin embargo, ni el personaje de Tati ni la niña del recuerdo de Martín Gaite dejan de ser humanos al ocuparse de un ladrillo o un sapo. La poesía, deudora del mundo del mito, habla de la relación con nuestros semejantes pero también con lo que es distinto a nosotros. Tiene que ver con ese saber tratar adecuadamente con lo otro al que los griegos llamaron piedad. "Cuando hablamos de piedad", escribe María Zambrano, "siempre nos referimos al trato con algo o alguien que no está en nuestro mismo plano vital; un dios, un animal, una planta, un ser humano enfermo o monstruoso, algo invisible o innominado, algo que es y no es. Es decir, una realidad perteneciente a otra región o plano del ser en que estamos los seres humanos, o una realidad que linda o está más allá de los linderos del ser". James Joyce llamó epifanías a estos instantes de comunicación profunda con lo real. Y tanto la escena del ladrillo como la del pequeño sapo nos aportan instantes así.
Claudio Eliano nació en el siglo II de nuestra era. Es famoso por su obra Sobre la naturaleza de los animales, una curiosa colección, en 17 libros, de breves y sorprendentes historias seleccionadas para proporcionar lecciones morales. Las más hermosas son las que narran los amores entre las muchachas y los animales. Eliano nos habla de una grajilla que en Soles de Sicilia cayó extenuada a los pies de una joven, tras volar sin descanso a su alrededor; de la citarista Glaucis, que fue amada, según las versiones, por un cordero, un perroo un ganso; o la de aquel elefante que en Alejandría llegó a competir con Aristófanes de Bigas por los favores de una mujer que era tejedora de guirnaldas. En un cuento de Isaac Bashevis Singer, un ciervo anuncia al llegar a una casa que su dueña concebirá un niño en esos días, y en otro un pequeño cerdo regresa después de muerto para consolar a su amiga. Y Cervantes nos conmueve cuando narra en El Quijote cómo el rucio de Sancho se acerca a Rocinante y apoya su hocico sobre su lomo para buscar su calor.
Uno de los deseos que de una forma más constante e íntima han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos es el deseo de comunicarse con los miembros de las otras especies. A él se debe que bestias y animales hablen en los cuentos de hadas y que sus protagonistas humanos comprendan mágicamente su lenguaje. Tolkien afirma que desde muy antiguo se tiene una viva conciencia de la ruptura de esa comunicación; pero también la convicción de que fue traumática. Los animales son como reinos con los que el hombre ha roto sus relaciones y que con los que, en el mejor de los casos, mantiene un difícil e inestable armisticio.
El mundo es un inmenso matadero. Miles de animales se amontonan en granjas y piscifactorías, en condiciones infames, solo esperando su muerte. Singer reprochaba a su dios que hubiera creado un mundo en que las criaturas necesitaran matarse unas a otras para vivir y Canetti, dolorido por esta misma evidencia, dijo que deberíamos comer llorando. En una obra de Tennesse Williams alguien reprocha a la protagonista, una de esas mujeres frágiles y maravillosamente disparatadas que pueblan el mundo del escritor sureño, que su corazón no sea recto. "Recta puede ser una línea o una calle -le contesta ella-. Pero el corazón del hombre nunca es recto".
En los cuentos hay ogros, y si están ahí no es solo para asustar a los niños, sino para hablar de lo que también inevitablemente somos, aunque no nos guste: de esa naturaleza devoradora que nos define. Los cuentos son el verdadero realismo, dijo Chesterton. En ellos no solo hay criaturas aladas y dulces, incapaces de hacer daño a nadie, sino también ogros y sacamantecas. La vida del hombre es esa deriva interminable, esa proliferación de identidades. Saber aceptar las contradicciones.
Y la caza y el toreo son pura contradicción, pues tanto el buen cazador como el buen torero no se acercan a los animales para hacerles daño, aunque finalmente se lo hagan, sino para entrar en contacto a través de ellos con las fuerzas libres del mundo. Pocos han escrito páginas más hermosas sobre los animales que Isak Dinesen y, en nuestro país, que Miguel Delibes; y sin embargo, ambos eran unos contumaces cazadores. Los toros mueren en las plazas, pero sería injusto olvidar que pocos los aman y respetan tanto como los toreros.
En un mundo en que los animales apenas cuentan para otra cosa que para animar nuestras excursiones dominicales o nuestras citas gastronómicas, las plazas de toros son de los pocos lugares donde no se les cosifica y se les respeta y ama por su belleza y su fuerza. Pero esto no quiere decir que debamos justificar cómo se les trata en ellas. Tras la belleza del toreo está el horror, y sería absurdo negar que tras una limpia verónica no hay un animal asustado que sufre y quiere escapar como sea del lugar infernal al que se le ha conducido. ¿Y qué arte puede ser ese que en vez de salvar destruye lo que ama?
Fernando Savater, en su artículo La barbarie compasiva, critica con razón a los que no distinguen entre los animales y los hombres. "Sin duda -escribe-, biológicamente somos animales, no vegetales. Pero desde luego ni simple ni gozosamente. Por culpa de ello existen las novelas... y la ética". Y es verdad, pero el problema reside justo en eso, en que somos noveleros. Es decir, que no podemos evitar ponernos en lugar de los otros y hacernos la ilusión de mirar por sus ojos. Mirar por los ojos de un niño, de un anciano, de una muchacha; pero también por los ojos de un toro, de un perro, de una hormiga. William Faulkner, en páginas inolvidables, nos narra la huida de un muchacho subnormal con una vaca; y el cuento más hermoso de Clarín, Adiós, Cordera, tiene por protagonista a una vaca a la que dos niños acuden a la estación a despedir porque sus padres, que son pobres, la envían al matadero.
La vaca del cuento de Clarín no protesta cuando la arrancan de sus prados, como tampoco lo hacen los toros bravos que llevan a las plazas. ¿Cómo podrían hacerlo si no pueden hablar? Pero que no puedan hablar no quiere decir que no seamos responsables de lo que les pasa. El silencio de los animales guarda historias que misteriosamente nos están destinadas. No escucharlas es un acto de impiedad hacia esa vida que compartimos con las otras criaturas del mundo.
Un ladrillo y un sapo, ¿qué tienen que ver con nosotros, los hombres? Hemos construido sobre el mundo natural un mundo de representaciones que nos permite intercambiar deseos, promesas y proyectos con los demás. Así define Savater la ética: "El reconocimiento de lo humano por lo humano y el deber íntimo que nos impone". Sin embargo, ni el personaje de Tati ni la niña del recuerdo de Martín Gaite dejan de ser humanos al ocuparse de un ladrillo o un sapo. La poesía, deudora del mundo del mito, habla de la relación con nuestros semejantes pero también con lo que es distinto a nosotros. Tiene que ver con ese saber tratar adecuadamente con lo otro al que los griegos llamaron piedad. "Cuando hablamos de piedad", escribe María Zambrano, "siempre nos referimos al trato con algo o alguien que no está en nuestro mismo plano vital; un dios, un animal, una planta, un ser humano enfermo o monstruoso, algo invisible o innominado, algo que es y no es. Es decir, una realidad perteneciente a otra región o plano del ser en que estamos los seres humanos, o una realidad que linda o está más allá de los linderos del ser". James Joyce llamó epifanías a estos instantes de comunicación profunda con lo real. Y tanto la escena del ladrillo como la del pequeño sapo nos aportan instantes así.
Claudio Eliano nació en el siglo II de nuestra era. Es famoso por su obra Sobre la naturaleza de los animales, una curiosa colección, en 17 libros, de breves y sorprendentes historias seleccionadas para proporcionar lecciones morales. Las más hermosas son las que narran los amores entre las muchachas y los animales. Eliano nos habla de una grajilla que en Soles de Sicilia cayó extenuada a los pies de una joven, tras volar sin descanso a su alrededor; de la citarista Glaucis, que fue amada, según las versiones, por un cordero, un perroo un ganso; o la de aquel elefante que en Alejandría llegó a competir con Aristófanes de Bigas por los favores de una mujer que era tejedora de guirnaldas. En un cuento de Isaac Bashevis Singer, un ciervo anuncia al llegar a una casa que su dueña concebirá un niño en esos días, y en otro un pequeño cerdo regresa después de muerto para consolar a su amiga. Y Cervantes nos conmueve cuando narra en El Quijote cómo el rucio de Sancho se acerca a Rocinante y apoya su hocico sobre su lomo para buscar su calor.
Uno de los deseos que de una forma más constante e íntima han acompañado al hombre desde el origen de los tiempos es el deseo de comunicarse con los miembros de las otras especies. A él se debe que bestias y animales hablen en los cuentos de hadas y que sus protagonistas humanos comprendan mágicamente su lenguaje. Tolkien afirma que desde muy antiguo se tiene una viva conciencia de la ruptura de esa comunicación; pero también la convicción de que fue traumática. Los animales son como reinos con los que el hombre ha roto sus relaciones y que con los que, en el mejor de los casos, mantiene un difícil e inestable armisticio.
El mundo es un inmenso matadero. Miles de animales se amontonan en granjas y piscifactorías, en condiciones infames, solo esperando su muerte. Singer reprochaba a su dios que hubiera creado un mundo en que las criaturas necesitaran matarse unas a otras para vivir y Canetti, dolorido por esta misma evidencia, dijo que deberíamos comer llorando. En una obra de Tennesse Williams alguien reprocha a la protagonista, una de esas mujeres frágiles y maravillosamente disparatadas que pueblan el mundo del escritor sureño, que su corazón no sea recto. "Recta puede ser una línea o una calle -le contesta ella-. Pero el corazón del hombre nunca es recto".
En los cuentos hay ogros, y si están ahí no es solo para asustar a los niños, sino para hablar de lo que también inevitablemente somos, aunque no nos guste: de esa naturaleza devoradora que nos define. Los cuentos son el verdadero realismo, dijo Chesterton. En ellos no solo hay criaturas aladas y dulces, incapaces de hacer daño a nadie, sino también ogros y sacamantecas. La vida del hombre es esa deriva interminable, esa proliferación de identidades. Saber aceptar las contradicciones.
Y la caza y el toreo son pura contradicción, pues tanto el buen cazador como el buen torero no se acercan a los animales para hacerles daño, aunque finalmente se lo hagan, sino para entrar en contacto a través de ellos con las fuerzas libres del mundo. Pocos han escrito páginas más hermosas sobre los animales que Isak Dinesen y, en nuestro país, que Miguel Delibes; y sin embargo, ambos eran unos contumaces cazadores. Los toros mueren en las plazas, pero sería injusto olvidar que pocos los aman y respetan tanto como los toreros.
En un mundo en que los animales apenas cuentan para otra cosa que para animar nuestras excursiones dominicales o nuestras citas gastronómicas, las plazas de toros son de los pocos lugares donde no se les cosifica y se les respeta y ama por su belleza y su fuerza. Pero esto no quiere decir que debamos justificar cómo se les trata en ellas. Tras la belleza del toreo está el horror, y sería absurdo negar que tras una limpia verónica no hay un animal asustado que sufre y quiere escapar como sea del lugar infernal al que se le ha conducido. ¿Y qué arte puede ser ese que en vez de salvar destruye lo que ama?
Fernando Savater, en su artículo La barbarie compasiva, critica con razón a los que no distinguen entre los animales y los hombres. "Sin duda -escribe-, biológicamente somos animales, no vegetales. Pero desde luego ni simple ni gozosamente. Por culpa de ello existen las novelas... y la ética". Y es verdad, pero el problema reside justo en eso, en que somos noveleros. Es decir, que no podemos evitar ponernos en lugar de los otros y hacernos la ilusión de mirar por sus ojos. Mirar por los ojos de un niño, de un anciano, de una muchacha; pero también por los ojos de un toro, de un perro, de una hormiga. William Faulkner, en páginas inolvidables, nos narra la huida de un muchacho subnormal con una vaca; y el cuento más hermoso de Clarín, Adiós, Cordera, tiene por protagonista a una vaca a la que dos niños acuden a la estación a despedir porque sus padres, que son pobres, la envían al matadero.
La vaca del cuento de Clarín no protesta cuando la arrancan de sus prados, como tampoco lo hacen los toros bravos que llevan a las plazas. ¿Cómo podrían hacerlo si no pueden hablar? Pero que no puedan hablar no quiere decir que no seamos responsables de lo que les pasa. El silencio de los animales guarda historias que misteriosamente nos están destinadas. No escucharlas es un acto de impiedad hacia esa vida que compartimos con las otras criaturas del mundo.
Gustavo Martín Garzo es escritor.
martes, 28 de septiembre de 2010
MARC FUMAROLI / No llamemos arte al arte contemporáneo
ENTREVISTA: MARC FUMAROLI Pensador y ensayista
"No llamemos arte al arte contemporáneo"
J. M. MARTÍ FONT - Barcelona - 28/09/2010
El viejo polemista francés vuelve a la carga. Si hace 20 años fustigó con saña la 'grandeur' cultural de la V República, de Malraux a Jack Lang, su nuevo ensayo se las ve con lo que considera las grandes falacias culturales de nuestro tiempo
La historia no tiene un sentido determinado y el arte contemporáneo no merece ser llamado arte. Marc Fumaroli (Marsella, 1932) ha estado en Barcelona para presentar París-Nueva York- París. Viaje al mundo de las artes y de las imágenes (Acantilado), "un panfleto erudito", en palabras de su editor, en el que vuelve al eterno debate entre los antiguos y los modernos. "Me hace feliz estar contracorriente, incluso ser muy reaccionario" "Los del 68 son hoy capitalistas y controladores del sistema mediático"
Respuesta. ¿Reaccionario? Es verdad que me gusta mucho reaccionar y las gentes que reaccionan están muy vivas. Lo tomo en el sentido exacto del término. No creo que la historia tenga un sentido ni que tengamos que inclinarnos ante el sentido de la historia. La gente que me interesa son aquellos que van contracorriente. He conocido la época en la que todo el mundo marchaba en el sentido de la historia, que no era otro que el que se marcaba desde Moscú. Me hace feliz estar contracorriente e incluso ser muy reaccionario. Cierto, ahora hay que reaccionar contra otras cosas distintas a las del momento en el que la URSS era considerada en Francia como la promesa del futuro de la humanidad.
P. Hay quien dice que Francia es un país soviético que ha tenido éxito.
R. O que Francia es el último país del Este, sí, pero no hay que tomárselo en serio. Lo que sí es cierto es que nuestra modernidad es nuestro Estado, lo que desde el punto de vista anglosajón es una cosa extraña, pero ahora lo hemos sustituido por la sumisión servil a una imagen falsa que Europa se hace de Estados Unidos.
P. Es usted especialmente crítico con el arte contemporáneo, con esta concepción del arte espectáculo...
R. No solo del arte espectáculo, sino del arte negocio. Hay una nueva clase social que surge de la acumulación del dinero en una esfera extremadamente estrecha, pero mundial. Estos millonarios ya no quieren tener en casa un tiziano o un delacroix, sino signos exteriores de riqueza. Y eso es lo que les proporcionan las galerías que les ofrecen tiburones dentro de tanques de formol o juguetes sofisticados como los que produce Jeff Koons.
P. ¿No cree que este arte pueda llegar a ser popular?
R. A la gente le gustan otras cosas, el deporte, la música rock... No me parece mal. Lo que me resulta odioso es vender a esta gente, que no lo quiere y que tampoco se lo puede permitir, un arte reservado a la imagen de los famosos. La gente común va mucho más al museo del Louvre, a los museos de arte antiguo... Esos lugares convocan auténticas peregrinaciones.
P. ¿En qué momento el arte toma esta deriva? ¿La culpa la tiene Marcel Duchamp?
R. No, claro que no. ¡Pobre Duchamp! Era un snob francés muy elegante que jamás se hubiera encontrado con Warhol. Lo suyo era el privilegio de pequeños grupos muy exquisitos. Cuando el MOMA hizo la primera retrospectiva de Warhol, Duchamp devolvió la invitación, que no era sino la imagen de La Gioconda con bigotes, que él mismo había realizado. Consideró obsceno que aquel mal artista utilizara una imagen que él había inventado para hacerse su propia publicidad. Hay un mundo entre Duchamp y Warhol. La fórmula de Duchamp era: 'todo lo que se pone en un museo se convierte en obra de arte'. Warhol la utiliza en el sentido de que todo lo que hay en los supermercados puede entrar en museo y convertirse en obra de arte. Nunca Duchamp pensó esto.
P. ¿La línea roja la marcaría el pop americano?
R. Creo que ha influido mucho transportándonos a este universo que no está hecho para los europeos. Hay un punto común en el arte, la exigencia de una obra, y hemos entrado en un mundo en el que el arte no supone una obra, sino solo un concepto, una cosa efímera que durará un tiempo breve y que, momentáneamente excita un poco a los periodistas. Esta es la gran ruptura. No hay derecho a utilizar la palabra arte para lo que se llama el arte contemporáneo, no lo llamemos así; habrá que inventar otra palabra, tal vez entertainment para millonarios.
P. Pero hay artistas que aún hacen arte...
R. Sí, pero no tienen el favor de los medios de comunicación, ni de los museos. En España hay gente interesante, hay pintores notables. Si vuelve la pintura y la escultura, lo que sucederá, España estará en primera fila. Sartre dijo una vez: hay gente retrasada que está por delante.
P. ¿No será usted sartriano?
R. No, pero sucede que Sartre, de vez en cuando, dijo algunas verdades. Sartre es un fenómeno de la posguerra, un profesor que nunca debió ocupar el lugar que tuvo, pero la guerra y el hecho de que una buena parte de la intelligentsia francesa fuera colaboracionista le convirtió en una especie de vedette que nunca debió ser. Y él se volvió loco, a fuerza de creerse vedette. Personalmente -y no soy el único-, nunca consideré que Sartre fuera un maître à penser.
P. Tampoco parece tener usted muchas simpatías por el Mayo del 68.
R. El único aspecto simpático de la gente de Mayo del 68 es que se reían del general De Gaulle y del gaullismo, que en el fondo era un régimen estrecho, mezquino. Por lo demás no hicieron más que abrir la puerta a la mercantilización general del universo. Todos se han convertido en capitalistas y en controladores del sistema mediático. Los sesentayochistas son quienes ahora tienen el poder. Desde el primer momento me di cuenta de que no eran más que hedonistas que se iban a lanzar a la sociedad de consumo.
P. Pero hubo varios 68...
R. Sí, en Estados Unidos era mucho más interesante, porque era un movimiento anticapitalista, un movimiento un poco ingenuo pero antiutilitarista, se trataba de reencontrar la felicidad, la voluptuosidad, la naturaleza... Estaba Bob Dylan, Allen Ginsberg, era un movimiento de salida del universo material, fordista, había algo noble en ello. En Francia era totalmente glacial, la gente que estaba vendida de antemano, gente como Cohn Bendit... insoportable. Ahora se les ve gordos, viejos.
P. ¿Es usted un optimista o un melancólico?
R. Es necesario un optimismo que sea capaz de absorber el pesimismo, no de esconderlo o rechazarlo, sino de devorarlo, de quemarlo. En la medicina antigua había la idea de que los melancólicos podían ser locos o genios. Los unos quemaban su melancolía y se convertían en genios iluminados por el incendio, y los otros se volvían locos porque la melancolía es pesada y aplasta, es como el petróleo. Es profundamente verdadera esta idea. Ahora estamos en la fase del petróleo y estamos ahogados por el petróleo. La literatura, cuando vuelva, será la literatura de lo grotesco, porque hacer reír ya es curar. Hacen falta dos o tres Rabelais.
sábado, 25 de septiembre de 2010
LUZ GÓMEZ GARCÍA/ Respuesta al embajador de Israel
LUZ GÓMEZ GARCÍA (Profesora titular de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid)
EL PAÍS 25/09/2010
EL PAÍS 25/09/2010
Porque hay un hecho que no tiene vuelta: Palestina tendrá un Estado algún día. La idea está demasiado diseminada. Lo único que falta por saber es si será un Estadillo-nación en menos del 22% de su territorio histórico o será un Estado que albergue dos naciones, la palestina y la israelí, en el 100% del territorio histórico. Al embajador israelí le repugna esta segunda posibilidad, pero a los españoles un Estado de naciones no nos es extraño.
Que la situación en Palestina es una situación de apartheid real, en la que los palestinos viven recluidos en bantustanes, es un hecho establecido, solo discutible desde la fuerza, no desde la razón.
El embajador israelí se empeña en denigrar a los que, como dijo el gran Mahmud Dar-wix, aún oímos "el lamento de las casas enterradas bajo las colonias". Pero ¡qué se le va a hacer "si estamos enfermos de esperanza... si somos unos sentimentales"!
miércoles, 22 de septiembre de 2010
ARACELI MANJÓN-CABEZA / Drogas, ¿seguir con la prohibición?
- ELPAIS.com
- ARACELI MANJÓN-CABEZA 22/09/2010
- Milton Friedman advertía en 1972 que era imposible acabar con el tráfico de drogas y que la prohibición era la peor estrategia para usuarios y no usuarios; 17 años después afirmaba que la epidemia del crack se habría evitado de ser legal la cocaína.
Recientemente, en enero de 2010, Mario Vargas Llosa ha insistido en que la despenalización es el único remedio y lo afirma con los ojos puestos en México, pero también en otros países. Y más en la misma línea: Paulo Coelho, los ex presidentes Cardoso, Zedillo y Gaviria y las 17.000 personas que han firmado desde junio pasado la Declaración de Viena, reclamando a los Gobiernos y a Naciones Unidas una revisión transparente de la actual estrategia.
La prueba hoy más clara -pero no única- del fracaso y de los inasumibles costes de seguir intentándolo nos la proporciona México: desde 2006, el combate al narco del presidente Calderón ha provocado dos guerras -la que se libra entre narcos y la del Estado contra el crimen organizado- y 30.000 muertos (900 eran niños menores de 17 años).
En contra de la legalización se dice que los beneficios de acabar con el crimen organizado no serían mayores que los problemas que causaría el aumento del consumo. Pues bien, creo que esta afirmación es hoy claramente incierta. Admitiendo como muy probable un aumento inicial del número de consumidores de las drogas ya legales, a la vez, serían seguros otros efectos beneficiosos: control de la calidad de las sustancias, lo que evitaría los males asociados al consumo de los venenos ilegales que hoy circulan; disminución de precios, lo que reduciría drásticamente la cifra de delincuencia drogoinducida; sacar a los consumidores de determinados ambientes especialmente insalubres y peligrosos, para dirigirlos a un mercado legal y controlado.
Solo lo anterior ya justificaría pensar muy seriamente y sin prejuicios en un proceso de legalización y de control estatal, con o sin impuesto especialmente fuerte a la producción, con mayor inversión en las políticas de reducción de la demanda -educación, prevención y rehabilitación- y con un ahorro espectacular en los enormes esfuerzos económicos que hoy se lleva la represión a cambio de unos resultados decepcionantes.
Pero habría más: se desposeería al crimen organizado de su actividad favorita y más rentable y, con ello, de parte de su capacidad de corromper voluntades públicas y privadas y de infiltrarse en la economía lícita; se podría prescindir de la excepcionalidad legal hoy imperante en la persecución y represión del tráfico de drogas que, en ocasiones, nos coloca en los límites de lo que el Estado de derecho es capaz de soportar; desaparecería el pretexto según el cual, la lucha eficaz contra el narcotráfico justifica la intervención de Estados Unidos en asuntos de otros países castigados por este azote.
Y hablando de Estados Unidos conviene echar la vista al pasado y recordar algunos datos: 1º) Que hubo otra situación previa a la prohibición, en la que el consumo de drogas -muy extendido en aquel país en el siglo XIX- no se consideraba un problema de salud pública. 2º) Que alguno de los "problemas de la droga" son hijos de la prohibición. 3º) Que la prohibición se ha desarrollado en los más variados escenarios y ha afectado a casi todo, más allá del ámbito de la salud pública. Basta recordar que la fiscalización internacional se impone al mundo colándola como un polizón en el Tratado de Versalles; que Estados Unidos ha condicionado su ayuda exterior a que los países destinatarios obtuviesen resultados satisfactorios en la lucha contra la droga; que el narco Pablo Escobar ofreció el dinero de la droga para pagar la deuda externa de Colombia a cambio de un compromiso de no extradición; y que hasta la fórmula originaria de la Coca-Cola hubo de modificarse para sustituir la cocaína por cafeína. 4º) Que la cruzada planetaria que Estados Unidos desata a principios del siglo XX no fue motivada por razones de "salud pública". Hubo motivos racistas contra los negros del Sur y contra la mano de obra china; motivos económicos en la guerra de médicos, farmacéuticos, productores y curanderos por tener la exclusiva en la dispensación de drogas; motivos políticos en la pugna entre China y Filipinas por el monopolio del opio y, también motivos políticos, en el hallazgo de uno de los pretextos -otros han sido la amenaza comunista y el terrorismo islámico- para legitimar el intervencionismo de la gran potencia en la andadura de otros países.
Por otro lado, hay que señalar que lo que más contribuye a reavivar el debate, inclinando cada vez a más personas hacia la opción despenalizadora, son los propios excesos, innecesarios e injustificables, del prohibicionismo.
Me refiero a un par de cuestiones como meros ejemplos.
Primera: hay países que castigan como delito el autoconsumo de drogas, a pesar de que ello no es obligado -aunque si vivamente recomendado- por las Convenciones de Naciones Unidas que diseñan e imponen el sistema represivo mundial. No es el caso de España, donde nunca fue delito el consumo y donde no se duda que tal acto entra en una esfera de la libertad personal inaccesible para el Derecho Penal. Recientemente, en Argentina se ha declarado la inconstitucionalidad del delito de tenencia de drogas para el autoconsumo; en México se ha despenalizado esa misma conducta y en Brasil se ha producido una cierta despenalización al sustituirse la cárcel por tratamientos y medidas educativas. Pero siguen existiendo países que castigan la posesión y el autoconsumo.
Segunda: son inadmisibles algunas de las afirmaciones que la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de Naciones Unidas) hace en sus informes anuales de evaluación de los esfuerzos antidroga de los distintos países. Así, en el informe de 2010 se muestra preocupación por las decisiones de Argentina, México y Brasil a las que me acabo de referir, lo que se interpreta desde estos países, con razón, como injerencia en asuntos internos. En 2009 se rechazó que la Constitución de Bolivia declarase patrimonio cultural la masticación de la hoja de coca, lo que supone ignorar o despreciar el sentido que tal práctica tiene. Y así más: desagrado porque España no castiga el consumo; críticas porque Suiza permita las salas de inhalación; denuncia de los tratamientos con heroína médicamente prescrita en Holanda, etcétera.
Los excesos y los fracasos del prohibicionismo acabarán siendo el mejor argumento de las tesis liberalizadoras.
He de reconocer que cuando se trabaja dentro del sistema represivo es fácil dejarse seducir por sus "éxitos", pero estos son muy parciales y cuando se mira el conjunto, entonces vence la decepción, al contemplar un instrumento salvaje e ineficaz que no es la "solución" sino, más bien, una parte importante del problema.
Lanzarse a cualquier opción despenalizadora da vértigo, desmontar la prohibición no será fácil, pero el mantenimiento del actual prohibicionismo planetario es una locura.
Araceli Manjón-Cabeza Olmeda es profesora titular de Derecho Penal de la Universidad Complutense de Madrid. Ex magistrada suplente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional y ex directora general del Plan Nacional sobre Drogas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
